Tamara's profileAqui Comienza una LEYEN...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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December 26 El MITo De LOs DoCe COmenSaleS" No era una noche como otra cualquiera en el Universo. Las estrellas se habían puesto de acuerdo para alumbrar con la luz más brillante, y por tan solo esta noche, habían abandonado su tediosa costumbre de parpadear. Habían descuidado sus posiciones habituales, y corrían presurosas de un lado a otro, peinadas con la raya al lado y vestidas con ligeros trajes dorados.
La luna, presentaba su cara más radiante y redonda. Se había maquillado los ojos con sombras plateadas y adornado sus orejas con unos pendientes de nubes blancas y algodonadas. Ella dirigiría la orquesta que los satélites de otros planetas, duchos en las artes de la música, habían conformado. Una nueva melodía destinada a agasajar a los doce comensales, había sido compuesta para la ocasión. Sus notas flotaban en el espacio atravesando galaxias desconocidas que escuchaban con curiosidad y en la distancia, los preparativos de la gran cena. Los emisarios de Marte, Plutón, Neptuno, Urano, Júpiter y Saturno se habían agrupado sobre una grada de polvo de estrellas.
Fobos, Hydra, Náyade, Thalassa, Desdémona, Umbriel, Sinope , Lisitea, Pandora y Heperión vestían túnicas celestes y sandalias de cristal interestelar.
La mitad de ellos portaban arpas y la otra mitad, sujetaban con ambas manos sus liras; instrumentos de los dioses. No era necesario hacer frotar sus cuerdas para que los dulces sonidos se expandieran a lo largo y ancho del cosmos, llegando a cada una de las lejanas estrellas, que se balanceaban sonrientes siguiendo el compás marcado.
Cuatro galaxias enanas (la de Draco, la de la osa Menor, Sculptor y Fornax) habían estado trabajando en el menú para la cena durante horas. Draco y Fornax se habían dedicado a preparar los platos fuertes, pero los invitados de honor habían declarado abiertamente su predilección por los postres dulces. Por ese motivo, el resto de Galaxias había cocinado un pastel de cada clase y un helado de cada sabor, y para ello, habían enviado sus mejores diplómaticos al planeta Tierra en busca de los más preciados ingredientes (chocolate de Bélgica, azúcar de la República Dominicana, quesos de Holanda, leche de la India, nieve del Círculo Polar Ártico, carnes de Irlanda y Argentina, dátiles de Jerusalén, verduras de China, frutas de España ...). El festín de los Doce comensales prometía ser el más espléndido de los últimos siglos.
Baco, aquel al que muchos creían desaparecido, había abandonado por un día su anonimato para hacer llegar una docena de cestas entretejidas con jirones de nubes, que contenían los mejores caldos que ningún mortal hubiese podido nunca catar.
Un meteoro de tamaño mediano se había detenido bruscamente al pasar frente a la orquesta y había ofrecido sus servicios. Ahora hacía las veces de la mesa sobre la que el sol se veía suspendido. Éste se había comprometido a asistir para calentar con su tibieza a los asistentes.
Pronto todo estuvo dispuesto, y las estrellas se unieron para formar un arco de entrada bajo el cual, pasarían todos los invitados a su llegada.
Los primeros en llegar fueron Aries y Tauro. El carnero y el toro llegaban vestidos con levitas bromeando entre sí como los grandes amigos que eran. La orquesta comenzó a tocar con sus cristalinos tonos para darle la bienvenida.
Poco después llegaban los gemelos Géminis, deleitados con la música. Ella llevaba un traje de encaje negro, y él una camisa con chorreras y puñetas del mismo color. Parloteando sin cesar, traspasaron el arco y tomaron asiento en la mesa.
Cáncer y Escorpio llegaron el uno con un traje de algas, confeccionado por las sirenas del mar Caribe, y el otro con un traje de hojas secas, diseñado por las hechiceras aborígenes australianas. Resultaban una mezla de colores naturales muy impresionante. Cuando pisaron la alfombra de gases color violeta, las estrellas lanzaron varios suspiros de admiración.
Leo y Capricornio llegaron a bordo de una calesa de cristal. El León se había dejado acicalar y peinar su maravillosa melena. Una mágica tribu africana de la que nadie más que él conocía su existencia, había trenzado su pelaje sujetándolo con primitivas cuerdas de esparto. Su sobriedad y majestuosidad contrastaba con los movimientos incontrolados de su compañero, que llevaba cardada la suave lana de su cabeza y adornaba su cuello con un hermoso pañuelo de seda.
De pronto, unos fuegos artificiales se unieron al festejo, el arquero Sagitario, con la espalda cargada de estrellas fugaces, aún sostenía la cuerda de su arco tensada entre los dedos. Vestía una túnica corta que dejaba ver sus rodillas y una corona de laureles decoraba su frente. Atravesó el arco entre aclamaciones y se situó junto a la mesa.
Una ligera brisa se levantó y una voz aflautada se unió a la orquesta en un murmullo. Los largos cabellos de Virgo la precedieron, flotando ante ella con destellos dorados de sus bucles. Su vestido blanco era sencillo y a la vez elegante, miles de brillantes y diminutos cristales brillaban decorando su piel. Su sonrisa deslumbrante arrancó un aplauso de los observadores. Era en realidad muy bella. Leo se levantó de la mesa y le cedió el brazo para acompañarla a su lugar en la mesa.
Una masa de agua se acercó flotando, ondulante, gravitando. Dos peces de escamas reluctantes se unieron para dar foma a Piscis, que traía una corona de caracolas y un vestido de coral anaranjado.
Libra hizo su aparición enfundada en un vestido con corsé y cola. Llevaba un sombrerito sobre la cabeza en el que había colocado su apreciada balanza.
- ¡Espera un segundo Libra! - giró la cabeza y vió al aguador llegar tras ella. Sus fuertes brazos volvieron a levantar el odre que contenía el líquido elemento. Acuario avanzó trabajosamente junto a Libra, traspasaron el arco y se sentaron a la mesa.
El sol comenzó a brillar con disimulo, la luna se unió al coro, y las Galaxias comenzaron a servir la opípara cena. Las estrellas iniciaron su particular danza y todo el firmamento brilló envuelto en las notas de la orquesta.
Pero sólo un hombre en la Tierra había asistido con estupefacción a la celebración.
- ¡Abuelo!, ¡Abuelo, despierta! - los dedos de su nieta le recorrieron la cara llena de arrugas - ¡Vamos a tomar las uvas!. Mamá dice que tienes que bajar para pedir tus deseos.
El anciano sintió frío. Estaba sentado en una butaca frente a la ventana abierta. El viejo telescopio apuntaba hacia el frente, hacia la noche estrellada. ¡Que sueño más peculiar había tenido! Se levantó con esfuerzo, solo ayudado por la pequeña mano de la niña que tiraba con todas sus fuerzas de el.
- ¡Abuelo, vamos, van a tocar las campanadas!
Cogió el bastón que estaba apoyado en el marco de la ventana y mientras sonaban los cuartos, echó un último y apresurado vistazo a la lente. Le pareció que la luna, suspendida en la despejada noche, le lanzaba un guiño cómplice.
Con la copa de cristal entre las manos, colmada con las doce uvas, cerró los ojos y deseó volver a ser el invitado de honor en la cena del firmamento un año tras otro."
Feliz entrada de año a todos los que me seguís a través de mis escritos. Ojalá todos vuestros deseos se hagan realidad en este 2008.
Tamara
December 17 Mi ESpeciAl RetRato De NAviDaD....Hola a todos una semana más:
En espera de los fallos de los certámenes literarios en los que estoy concursando, y con el capítulo XI debajo del brazo (solo queda uno!!!!!) de mi primera novela, la que me carga de ilusión cada dia, he decidido hacer un receso para festejar la Navidad desde estas páginas, compartiendo mis recuerdos, y la forma en la que, año tras año, he vivido esta fiesta.
"Cada año, nos reunímos en la casa de mis padres. Una casa amplia, en la que cada año hemos tenido que ir añadiendo sillas a la mesa de comedor de alas extensibles, que un día fue la gloria y orgullo de mi madre. Ahora se tambalea peligrosamente y somos muchos los que corremos una vez atravesado el "hall" para alcanzar primero una de las sillas buenas, y un lugar central en la mesa ovalada. (Puedes pasarte la noche haciendo equilibrios o mirando por encima del filo de la mesa si te toca una silla baja).
La misma esquina siempre recoge al mismo árbol. Hace ya muchos años que mi padre se convirtió en el modelo ecológico de la familia. No solo tiene árbol de Navidad de Plástico, sino que recicla todo lo que cae en sus manos.
Los adornos y luces siempre están dispuestos con el más sumo cuidado, y el espejo del aparador siempre sostiene la cadeneta. Recuerdos unos ángeles maravillosos y unos corazones tornasolados que solían decorar los tiradores de la vitrina. Debieron pasar a mejor vida en algún momento. Probablemente algún día daré con ellos, pues mi madre es enemiga de los contenedores de basura y los basureros. Deben de andar escondidos en alguno de sus cajones...
No somos la familia perfecta, y quizás estemos lejos de serlo.
Pero siempre nos unimos en Navidad. Y en estos últimos tiempos ya somos 25 personas las que hacemos malabarimos sobre la mencionada "tabla".
Soy la primera en llegar el 24 de Diciembre. Por norma general, me lanzo a los pies del árbol a colocar cada uno de los regalos que llevo para todas esas personas, en las que se incluyen padres, hermanos, sobrinos, cuñados, cuñadas y suegros. Me encanta repartirlos para que parezcan aún más de los que realmente son.
Cada año cuento y recuento la vajilla, el número de comensales y los cubiertos y servilletas que necesitamos. También cada año suelo equivocarme. Antes solía tener miedo de romper la vajilla de porcelana de mi madre. Fue uno de sus regalos de boda, que puede salir del armario que la contiene solo una vez en el año. Tiene un filo de oro y lo cierto es que es bella. Las hojas picudas semejantes a las palmas de una palmera decoran sus innumerables piezas con tonos verdes.
Cuento las sillas y me estrujo la cabeza pensando como sentar a tres personas en medio metro de espacio... Menos mal que mi marido anda siempre alrededor para realizar las tareas de órden físico (no en vano, tiene la espalda más ancha de toda la familia).
En la casa de mis padres no se puede fumar. Así que normalmente visito el jardín a menudo para fumar con los dedos congelados y el cigarrillo temblando entre ellos.
Mi madre, en este transcurso de tiempo, ha correteado a mi padre por todas las habitaciones para que se cambie. Ella ya está vestida con sus galas de Navidad, y me toca maquillarla, o pintarle las uñas.
Y entonces comienzan a sucederse las llamadas al timbre, y mi hermano llega, con su mujer, su hijo, su suegra, y la más radiante de sus sonrisas. Lo pimero que hace es tirarse de cabeza a bucear entre los paquetes en busca del suyo. Lo encuentra, lo sacude, y comienza a hacer cábalas sobre lo que contendrá.
Luego llega mi hermana mayor, espléndida, guapísima, peinada de peluquería y nerviosa por algo que cree haber olvidado. Le acompañan sus dos hijas y mi escudero Juanito. Y como los años no pasan en balde y nos hacemos mayores, mi hermana ya tiene yerno, que este año, por primera vez, se une a la locura de los Ojeda- Guzmán- Dommarco.¡ Pobre Álvaro!...
El siguiente estruendo de timbre (Acompañado siempre de los ladridos de mi perro Coco, que va engalanado con pajarita), da paso a mi suegra, mi suegro y mi cuñada. Casi siempre nos tiene olfateando alrededor en busca de su aportación gastrónomica a la cena. Es una excelente cocinera, y sus recetas no tienen precio.
Normalmente, es ella la que trae un regalito para mi que esconde con disimulo debajo de la mesa sobre la que se asienta el árbol.
Mi hermana María suele estar cantando villancicos y repartiendo a raudales espíritu navideño allá donde pisa. A estas alturas, todos los años se me ha hecho tarde y corro yo también para vestirme y peinarme.
Y casi siempre, al mismo tiempo que me calzo los zapatos, llega mi hermano mayor, con su hijo, su hija, su mujer y su suegra.
Y me llaman a gritos por el hueco de la escalera.
Estoy segura de que mientras cenamos, todos miramos de reojo los paquetes de brillantes lazos intentando vislumbrar los nombres de las etiquetas.
La suegra de mi hermano, una señora viuda, pequeñita de tamaño y dicharachera de corazón, suele amenizar los postres con sus poesías. Tiene una memoria prodigiosa, y nos narra poemas de amores de su juventud, que solemos acompañar con nuestras risas, pues a esas alturas, ya solemos estar achispados. Lo suficiente al menos, como para cantar algunos villancicos intentando que los polvorones no se nos atraganten.
Entonces es el momento de las fotos.
Mi escudero se mete un tapón del corcho por la nariz, mis hermanos se llenan las orejas de servilletas o palillos mondadientes, y el flash de la cámara parpadea y deslumbra sin cesar,en mitad de un coro de carcajadas.
Mis cinco sobrinos se acomodan en un sillón bajo la escalera, en el amplio recibidor de la casa. Nerviosos, piden continuamente que los regalos ya sean abiertos.
Confieso ser como ellos. Me encanta entregar regalos, ver como se abren, observar todo el suelo del salón lleno de trozos de papeles rotos, y analizar la cara del destinatario del obsequio, para saber si acerté con mi eleccón. Me encanta ver como cada uno mantiene ante sí, sobre la inestable mesa, cada uno de los detalles que ha recibido.
Después de la cena, llegan mis amigos a felicitar a mi familia, y acabamos bailando en cualquier lugar que tenga alcohol para servir.
El día de Navidad siempre me levanto tarde y con resaca. El número de comensales varía cada año. Llegan para comer las sobras (siempre abundantes) del día anterior.
Y a las tres de la tarde, siempre con puntualidad militar, llega Pepe Flores. Y su sorda mujer, Concha. Mientras ella pone los ojos en blanco y cuenta sus cuítas sin interesarle lo más mínimo escuchar lo que la otra persona pueda aportar a la conversación, este seúdo hermano de mi padre, amigo inseparable de juventud y senectud, viene en mi busca con una bolsa llena de chocolates gibraltareños y me hace saltar de alegría por verlo vivo un año más ( y por el chocolate también , para que ocultarlo).
Creo que todos nos sentimos felices de tener esta excusa, la de la Navidad, para celebrar que estamos bien, que no hemos sufrido ninguna pérdida, y que a pesar de sus achaques, y de haber cumplido más de ochenta años, mis padres están vivos. Me da tristeza pensar que algún día, en algún momento futuro, este retrato pueda variar. Que mis padres ya no ocupen el lugar presidencial de la mesa de madera ovalada, que mis hermanos o sus familias no puedan abrir los regalos que con tanto empeño he reunido.
Por eso hoy decido poner por escrito este retrato. Para saber siempre como es la Navidad con la que disfruto."
A todos aquellos que me seguís, os envio un beso y el deseo de que estas fiestas sean a vuestra manera, tan especiales como lo son para mí.
¡Feliz Navidad!
Tamara Dommarco
December 11 Noches de Luces y Teatros"Cuando era una niña me encantaba jugar. Sola o acompañada, eso daba igual. Me gustaba ser empresaria, y tener oficinas, llevar "papeleo" , comprar y vender "acciones" (no sabía lo que eran realmente, pero me encantaba su rimbombante nombre), montar casas bajo las sillas, ayudada por grandes telas y palillos de la ropa...
Inaugurar agencias de detectives en la casa del jardín, (quería emular a los siete secretos, pero siempre me faltaba el dulce de jengibre o la empanada de cerdo) sentarme en el columpio del limonero, en la casa de mis padres, con los pies colgando por encima del suelo y una novela de la editorial molino sujeta entre mis dedos, (hay cosas que no podría hacer ahora, como leer y columpiarme al mismo tiempo), mientras el ensordecedor ruido del cortacésped y el aroma a hierba recién cortada acompañaban el beso de mi padre al darme los buenos días.
A veces jugaba con mi hermana a "Espías y Confidentes", juego inventado por ella, que consistía en salir a la calle de noche y espíar a los traunseúntes sin dar lugar a que se percataran de nuestra presencia oculta en las sombras.
Pero sobre todos estos juegos, al que más me apetecía jugar, era al teatro. Cuando se hacía de noche, colocaba una silla de mimbre y la alumbraba con la blanca luz procedente de la bombilla del Super Cine Exin. De esta manera, me colocaba sentada ante la luz, a veces con más de un espectador, para interpretar canciones, cuentos, o chistes. También solía emular a los presentadores de la época. Sobre todo a Mayra Gómez Kemp que me parecía extremadamente profesional y de la que siempre me ha enamorado su voz.
Para ello urgaba normalmente en todas las bolsas de maquillaje que encontraba por la casa para "pintarme" los labios y poder sentirme más cercana al personaje. Disfrutaba disfrazandome y dando vida a personas que a veces seguían acompañandome en el tiempo y en la historías que fabulaba. Recuerdo con especial cariño a Miss Sarah Adamberry, una dama joven, a la que siempre imaginaba tomando el té con pastas en el cenador cubierto de hiedra del jardín de su mansión victoriana. (no tuve más remedio que plasmar estos recuerdos en mi novela). Me gustaba especialmente el brillo de las lentejuelas del vestido más nuevo de mi madre que refulgían cuando el haz de luz cuadrada incidía sobre él. El antiguo sombrerito que me colocaba sin horquillas en la cabeza para poder sujetarlo, generalemente terminaba cayéndose sobre mis ojos, otorgándome un aspecto más bien cómico, en lugar del flemático inglés que yo me esforzaba en conseguir.
Podría decirse que sin ser consciente de ello, y aunque fuera mucho tiempo después de aquello cuando se pusieron de moda, inaguré una especie de "Club de la Comedía" o teatro de varietés. La silla servía para sentarse, o para hacer parecer que era una televisión, si me situaba tras su respaldo. Incluso sirvió como escenario más de una vez para interpretar teatros de marionetas confeccionadas con calcetines agujereados y botones viejos.
Casi había olvidado los buenos ratos que pasé gracias a ese artilugío que entonces usamos para todo, menos para proyectar películas en las paredes o en el fondo blanco de la cajita naranja que lo contenía."
La magía de ese teatro desapareció con el tiempo, cuando los intereses de mi vida comenzaron a enfocarse en otras prioridades. Cuando la adolescencia se abrió paso a golpes improvisados y las minifaldas y las medias de espuma sustituyeron a las camisas de cuellos bordados y a los vestiditos de punto inglés.
Hoy día solo me quedan los recuerdos de aquellas noches de Luces y Teatros... Y preguntarme si todo aquel trajín no estará relacionado de alguna manera con mi inclinación a la fantasía...
December 05 Anoche Soñé que Podía VolarHoy he soñado que podía volar, y todavía conservo esa sensación de libertad que ha recorrido cada uno de mis sentidos. Aún recuerdo como un golpe de adrenalina se ha apoderado de mi corazón en el momento del despegue. Me he encontrado en la parte más alta de un edificio y he corrido para dejarme caer al vacío. ¡No ha sido un sueño suicida! En todo momento me ha acompañado la seguridad de que el aire me sostendría y he saltado de tejado en tejado, con la única duda de que mis tobillos no pudieran soportar la fuerza del impulso. ¡Pero todo ha salido bien! He sobrevolado campos verdes y he dejado que los brillantes rayos de sol se entrelazaran con mi pelo y que su calor entibiara mi cara radiante, feliz. No suelo ser demasiado supersticiosa. No creo en el poder de esos libros que te indican con precisión el significado de tus sueños. Sin embargo, creo que la experiencia vivida esta noche, en la quietud de mi cama, y enmarcada con el sonido acompasado de la respiración de mi marido, no precisa de mucha interpretación. No necesito a una tarotista para saber que mi inconsciente me ha enviado un mensaje la pasada noche. Es evidente que si subo a un tejado, y me detengo a mirar el paisaje en una cornisa, con intención de emprender un vuelo tan maravilloso como el del sueño, ¡la gente que me rodea se llevaría un buen susto! No voy a hacer el intento. Pero esta noche me embargó la libertad, la acaparé para mi misma, y salté al vacío con la certeza de saber que todo saldría bien. Mi mente, en algún lugar oculto que desconozco, esconde la arrebatadora verdad. Todos somos capaces de conseguir lo que queremos, con seguridad, confianza y perseverancia. A veces he pensado que para conseguir lo que uno quiere, debe mostrar su cara más agresiva al mundo. Llegar a la meta por encima de todo sería el objetivo a alcanzar. Yo no sirvo para pisar cabezas, pero si que necesito ser aún más disciplinada. De nada sirve volar si en el fondo no eres capaz de dominar tu poder. Este es un mensaje esperanzador para todos los que me leéis. ¿Alguna vez soñasteis con hacer algo y os sentisteis incomprendidos? ¿Alguien ha refrenado vuestras ganas de emprender un nuevo proyecto, por disparatado que pueda parecer? La vida es corta, y tenemos la obligación de aprovecharla. Y el universo es tan infinitamente extenso, que en él tienen cabida los sueños de cada una de las personas que habitamos la Tierra. Y hablando del mío, mi nuevo relato "La Ninfa en La Oscuridad" ya va de camino al Ayuntamiento de Castellón de la Plana. Con este son seis relatos cortos los que he escrito con el fin de concursar en diferentes certámenes de nuestro país. Los primeros fallos tendrán lugar a partir del día 15 del corriente mes. Y aunque se que es difícil conseguir lo que uno quiere a la primera, me he despertado hoy sabiendo que puedo volar, que mi imaginación puede hacerlo por mí. Puede sobrevolar campos y los más preciosos paisajes, puede tocar el sol. Es mi imaginación la que extiende las alas en persecución de mi sueño. Y yo, claro, estoy dispuesta a dejarla hacer...
Tamara Dommarco
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