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    December 29

    Recogida de Premios

    Antes de que el año acabe, quería recoger los premios que tan amablemente me han concedido algunos lectores de este blog: Gracias a Teresita, Geno y Bertha, que me regalaron la oportunidad de ponerme a pensar un poco en mitad de estas fiestas Navideñas. El Premio al Esfuerzo Personal, Premio al Blog con Huella, y el Premio 6 palabras.
    Debería sumar entre ellos muchos links a otros blogs que me parecen geniales, así que voy a dejar unos cuantos links que sirvan para los tres premios:
     
     
          http://adelantemisvalientes.bitacoras.com   Las historias de Juanito son fascinantes y      divertidas. 
    También me gusta mucho la manera de escribir de Irene, y las reflexiones de mi amigo Pepe.
    Por supuesto, enviaría de vuelta el premio a aquellas que me lo han otorgado, porque además son lectoras asiduas de mi blog.
                                                
     
     
     
     
     
    Este premio requiere que me describa en seis palabras:
    - Impulsiva
    - Organizada
    - Decidida
    - Familiar
    - Cabezona
    - Cariñosa (esto precisaría de un apunte, pero sólo se permite una palabra)
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
     
    December 24

    La Traductora, Tom Cruise y Santa Claus

    Estoy segura de que las mejores historias ocurren en la calle. Y suceden, las vives, si estas predispuesta a ello.
    Esta mañana sonó el teléfono. A esas horas yo estaba segura de que sería del juzgado, y no me apetecía ir. Sin embargo, descolgué y aseguré que asistiría a tomar declaración a un imputado en lengua inglesa.
    El juzgado estaba cerrado y solo unos cuantos funcionarios y abogados, dos guardias civíles y una jueza se encontraban en la habitación.
    Y trajeron al detenido...
    Un noruego de espesas barbas rubias, pelo largo y ensortijado y profundos ojos azules.
    Le leí los derechos y traduje las preguntas de la jueza, pero no podíamos dejar de intercambiar miradas de conmiseración.
    Era un alcohólico al que la policía había retirado su botella de whisky y de paso, le habían propinado soberana paliza. Un sin techo que no sabía palabra de español y cuyo parecido con Santa Claus era más que evidente.
    Le pregunté qué hacía en España, si tenía familia. Si tenía dónde dormir. Con un ojo morado y las ropas llenas de mugre, firmamos todos los documentos y su acta de libertad sin cargos.
    ¿Dónde vas? Se encogíó de hombros. Mi primera intención fue explicarle dónde encontar un centro de acogida. Pero pensé que sin conocer La línea y limitado en el idioma (eso por no hablar de la desconfiaza de las gentes, que poco le iba ayudar), decidí seguir mi impulso.
    Recolecté dinero entre todo aquel que podía tener cartera en el juzgado. Y llamé a un taxi.
    Para mi sorpresa me encuentro con un Tom Cruise de cejas fruncidas que nos miró con extrañeza a ambos: a mi noruego y a mí.
    Serio como el solo, nos montó en el coche y escuchó en silencio mi explicación. Después de visitar tres centros diferentes, y pensando yo ya en pagarl e una pensión, en el cuarto, el centro Alatim, aceptaron a darle refugio.
    Yo ya pensaba que iba a tener que pagarle con mi vida al taxista, tan moderado, tan seco.
    Y sin embargo me ha traído a la puerta de mi casa, y me ha dado las gracias con una sonrisa profident por haberle liado en esta pequeña aventura que ha durado más de una hora.
    El pobre Olaf oliendo a rata muerta en el asiento de atrás, con sus 42 años hundiendole las espaldas y con el cuerpo dolorido por una paliza.
    Supongo que ahora tiene una oportunidad. Lo único malo de esta historia es que no es un cuento, y por tanto no puedo ofreceros un final feliz.
    Me gustaría pensar que después del baño, la comida y los cuidados de ese numeroso grupo de hombres que en Alatim lucha por salir de la droga, Olaf va a dejar el alcohol y va a regresar con su familia. Así me gustaría a mí que acabara la historia, porque no me gustan los dramas.
    Por lo menos sé que esta noche, la tormenta que está llegando, no va a provocarle una pulmonía. Por lo menos, esta noche, Olaf tiene un techo.
     
     
     
     
    ¡Feliz Navidad para todos, que esta noche sea para vosotros al menos tan especial como lo será para mí...!
    Tamara Dommarco
     

    El desenlace

    "Siguieron caminando hacia las afueras de la ciudad, y encontraron un establo. Estaba vacío ya que los ganados pacían en los campos. En él María tuvo a su hijo, y Ahmed y José cubrieron de paja un pesebre, en el que colocaron al recién nacido.
     
    En ese instante, comenzaron a llegar muchos pastores, que según contaban habían sido avisados por ángeles de que el Salvador había nacido. María y José sonreían de felicidad, y Ahmed los observaba sin saber que hacer; en el cielo, una gran estrella de cola dorada se aproximaba, hasta detenerse sobre el establo y entonces la reconoció, comprendiendo que algo extraño estaba pasando.
     
    Se aproximó al pesebre y tomó una de las gordezuelas manos del niño Jesús que lo miró con sus grandes ojos azules y le susurró....
    - Despierta... Despierta....
     
     
                                           
     
     
     
    Ahmed abrió los ojos. Un niño de su misma edad, con grandes ojos azules, le tomaba una mano. Estaba en una casa.
     
    - ¡Mamá, mamá! ¡Ya se ha despertado! - gritó el niño.
    - No chilles Jesús - replicó su madre dirigiéndose al dormitorio de su hijo - el pobre no te entiende y se va a asustar.
     
     
    Ahmes se incorporó y mirando a la mujer, reconoció a María, que ya no estaba pálida ni cansada. Murmuró con dificultad:
    - María... ¿Tarifa?
     
     
     
     
                                     
     
     
    María frunció el entrecejo pensativa y le contestó:
    - Ya sé que no me entiendes pero estás a salvo, pequeño. ¡Feliz Navidad! - y diciendo esto condujo al niño a la mesa del comedor y le sirvió una comida.
     
     
    Más tarde, cuando los niños ya estaban dormidos, María Sánchez llamó a su hermana. Le contó como aquella noche, ella y su marido, José Ruíz, de profesión carpintero, habían salido con la burra a reocger madera para la chimenea y se habían encontrado inconsciente, en la playa de Los Lances, a un niño marroquí que recogieron y llevaron a casa.
     
    También le contó un extraño detalle... ¿Cómo es que el pequeño la reconoció por su nombre?, además, la encantadora cara de aquel niño le resultaba tan familiar...
     
     
    Cinco años después, toda la familia de Ahmed vivía ya en España, pero él nunca les contó que la noche que llegó a nuestro país había tenido un viaje tan especial de Navidad...
     
     
     
     
     
                                                                     Fin
     
     
     
    Tamara Dommarco
     
    December 18

    Y sigue el cuento de Navidad....

     
     
    "Cuando despertó estaba empapado, tenía frío y estaba tendido en la orilla. Seguía siendo de noche pero no veía a nadie a su alrededor. Al preguntarse que habría pasado con los demás, supuso que ya todos habrían huído hacia sus destinos.
     
    Se puso en pie temblando. Había perdido los zapatos y no pudo encontrar sus bolsas de ropa, que ya estarían en el fondo del mar.
     
    Decidió ponerse a caminar en busca de una carretera que lo llevase a algún sitio. Se tocó el cuello y... ¡gracias a Alá!, todavía conservaba la bolsa con el dinero que su padre le diera. Sabía que nadie le ayudaría si él no ofrecía dinero a cambio.
     
    Sobre la playa se alzaba una especie de colina y hacia ella se dirigió con dificultad, pues le dolían mucho los pies desnudos. Llegó a la parte más alta y vio pastando una gran cantidad de corderos. Vigilando a estos, se encontraba un jóven pastor que, mirándolo extrañado le preguntó:
     
    - ¡Eh, tu, ¿qué quieres?
    - Perdona- dijo Ahmed- sé que estoy en Tarifa, pero debo encontrar una carretera que me saque de aquí. Por favor, no me denuncies.
    - ¿Cómo dices? - preguntó el pastor encogiendo la nariz - ¿Tarifa?, ¿carretera? Y... ¿a quien quieres que te denuncie y por qué?, si estas censado el emperador no tendrá nada contra tí.
    - ¿Qué emperador?, creía que aquí había un Rey, como en mi país. Un momento,  esto entonces... ¿no es Tarifa?
    - Pequeño estamos en Jerusalén, no sé nada de lo que me hablas - contestó el pastor.
     
     Y echó a andar decididamente, dejando a Ahmed mudo de asombro."
     
     
     
                                         
     
     
     
    "Con mucha tristeza, se sentó llorando. No sabía dónde estaba ni cómo llegar a Tarifa. Le pedía a su Dios que le ayudara a cumplir la promesa que le había hecho a su padre.
     
    Escuchó entonces unas voces a su espalda y se giró para mirar. Vio a una mujer montada sobre una burra y a un hombre que caminaba a su lado.
     
    Ahmed corrió hacia ellos y les habló así:
     
    - Perdonen, he realizado un viaje muy peligroso esta noche y esperaba llegar a Tarifa. Me han dicho que esto es Jerusalén, tengo dinero y si me ayudan a llegar a Tarifa les daré todo lo que tengo - mientras esto decía, observó que la mujer tenía la cara muy pálida, con aspecto cansado y, también, que estaba embarazada."
     
     
     
                                 
     
     
     
     
    "- Yo soy José - dijo el hombre - y esta es mi esposa María. Nos dirigimos a un pueblo que se llama Belén porque el Emperador quiere saber cuántos habitantes tiene el país. Si quieres puedes acompañarnos, y no es necesario que nos ofrezcas dinero a cambio de nuestra ayuda. Ven, pequeño, monta tu también en la burra, tus pies tienen heridas - y diciendo esto, José lo tomó en brazos y lo colocó sobre el lomo del animal.
     
    María iba todo el camino callada, pero le dedicaba a Ahmed dulces miradas que envolvían al niño, haciéndole olvidar sus desdichas. José hablaba de su Dios, que a todos quería por igual y también de la llegada de su hijo, ya que seguramente, el nacimiento se produciría esa noche. Dijo que el niño se llamaría Jesús.
     
    Pronto divisaron las blancas casas de Belén, pero no encontraron ninguna hospedería dónde pasar la noche."
     
     
                                      
                                        
     
     
     
    Os prometo el desenlace...
    ¡Para Nochebuena!
    Tamara Dommarco
    December 13

    AHMED y su especial viaje de Navidad

     
     
     
      AHMED Y SU ESPECIAL VIAJE DE NAVIDAD
     
     
     
     
    "Pasaron los meses, y Ahmed y su familia celebraron con alegría el mes de Ramadám. Cuando éste finalizó, comenzaron los preparativos para el viaje, que según le habían comunicado a Mohamed, tendría lugar el día veinticuatro del mes de diciembre.
     
    Rashida preparó el equipaje de su hijo, empaquetando su ropa en bolsas de plástico. Partiría a las nueve de la noche, y atravesaría el Estrecho. En tres o cuatro horas desembarcaría en un pueblo costero español llamado Tarifa."
     
                                            
     
    "Aquella noche su familia se reunió para decirle adiós: sus hermanos Nadia, Nadera, Fátima y Alí lo besaron; y Mohamed y Rashida lo bendijeron, deseándole que Alá no lo abandonara. El viaje ya estaba pagado y su padre le puso en el cuello una pequeña bolsa con algo de dinero.
     
    Un coche lo recogió y llevó a una apartada cala (esto le gustó, pues nunca había viajado en automóvil), en la cuál, escondidos entre una arboleda, Ahmed vio a un grupo de jóvenes procedentes de muchos lugares distintos de África.
     
    Nadie hablaba. Cada uno sostenía su equipaje ante sí, también en su mayoría eran bolsas de plástico. No se les permitía encender ninguna linterna mientras esperaban la llegada de la patera, pues corrían el riesgo de ser descubiertos. Sin embargo, Ahmed pensó que todos aquellos pares de ojos irradiaban una luz, una luz que hablaba sin palabras: la luz de la esperanza.
     
    Se sentó en la arena como los demás. Alguien murmuró que aquella noche, al otro lado del Estrecho, las gentes estárían disfrutando de copiosas comidas navideñas. Ahmed no comprendió el significado de ese comentario y fijó su vista en la mar, que estaba lisa como el pelo de Nadera y brillante como la plata. La luna los miraba curiosa desde el cielo y enviaba tibias líneas amarillentas sobre la superficie del agua.
    -Vamos a tener suerte - afirmó el hombre marroquí del automóvil - hace una noche perfecta, y llegaremos a Tarifa sin ningún problema. Aquí está la patera. Vayan embarcando."
     
                                           
     
     
    "Los viajeros de ojos brillantes se miraron entre ellos y esbozaron una sonrisa nerviosa. Tomaron sus equipajes y corrieron por la fresca arena hasta llegar a la orilla, donde una pequeña embarcación les esperaba. Ahmed se subió de un salto y la barca se puso en marcha, atravesando las aguas muy lentamente. El silencio y la oscuridad se adueñaron de la patera y el patrón, un español al que nadie comprendía, murmuraba con cara de pocos amigos.
     
    Ahmed intentaba dominar su miedo (por algo su padre le decía a menudo que era un hombre). No quería mirar a su alrededor, porque todo estaba muy oscuro, así que, con la mirada fija en el cielo, se puso a orar pidiéndole a Alá que no abandonara a su familia y que cuidara de él.
     
    De pronto, y mientras esto hacía, observó un punto muy luminoso en el cielo. Se incorporó un poco, y pestañeó un par de veces, pero aún seguía viendo lo mismo: sobre sus cabezas, muy arriba, una gran estrella se deslizaba suavemente acompañándolos y dejando una larga estela tras de si.
     
    ¿Desde cuando estaba ahí? - se preguntó. No se había fijado en ella hasta aquel preciso momento.
     
    La presencia de la estrella le hacía sentirse más seguro aunque no sabía ciertamente si el resto de sus compañeros la veían también. Pensó que era evidente que si, y calló para no romper el silencio.
     
    Tan ensimismado estaba contemplándola que no se dio cuenta de que la barca empezaba a moverse con dificultad. El agua se retorcía con violencia bajo ellos y todos tuvieron que sujetarse para no caer por la borda.
     
    ¡Se estaban hundiendo!
     
    En algunos viajeros cundió el pánico, sobre todo en aquellos que no sabían nadar y un hombre muy asustado se agarró con mucha fuerza a Ahmed, que cayó hacia atrás golpeándose la cabeza...
     
    Y se quedó dormido... "
     
     
                                           
     
     
     
     
     
     
    Ahora debeís perdonarme... Pero me veo en la obligación de dejaros en suspense un poquito más...
    Tamara Dommarco
                                                           (Continuará)
                                         
    December 12

    Un Cuento de Navidad

    Hace algunos años, mi profesora de Lengua (que era la misma en Religión; estudié en un centro religioso, por mucho que digan que es concertado), por estas fechas nos envió un trabajo.
    Nos pidió que escribieramos un cuento navideño para niños, que incluyera algún tema de actualidad, y que además debía ser ilustrado. No puedo decir que sea una artista del dibujo, y con las letras, a día de hoy, sigo haciendo lo que puedo.
    Debíamos intentar sensibilizar a los níños con una problemática real de su entorno. Estabamos en tercero, y cuanto más originales más nota ( y yo tenía que compensar mi fracaso con la asignatura de "Fundamentos de las Ciencias de La Materia", que llevé arrastrando los tres años).
    A estas alturas os preguntareis de que leches iba la mencionada asignatura. Lamento no poder ayudaros, solo recuerdo que fue un peñazo, y que finalmente me aprobaron por lástima (eso sí, no tuve que derramar ninguna lágrima de cocodrilo, cómo muchas compañeras hicieron).
    Tuve que matricularme de nuevo ¡sólo para Los Fundamentos de las narices! y me pagué la matrícula vendiendo mi colección de tebeos a una californiana.
     
     En fin , que doy esta explicación para presentaros a aquel trabajo, que estabilizó mis notas ese trimestre ya lejano  del 2001.
     
     
     
                    
     
     
                      AHMED Y SU ESPECIAL VIAJE DE NAVIDAD
     
     
     
    "Era una soleada tarde de verano. Ahmed estaba sentado sobre una roca, mirando pensativamente al mar. Quería saber que habría tras ese horizonte, esa rayita distante, donde el cielo y el mar se mezclaban y donde el sol se acostaba a dormir cuando sus últimos rayos dejaban de alumbrar la costa.
     
    Ahmed tenía diez años; era menudo y tenía unos ojos inteligentes y oscuros, como oscura era su piel, pues era un niño marroquí. Descansaba sobre una roca después de un duro día de trabajo: él era el mayor de cinco hermanos y tenía que ayudar en casa pues su familia era muy humilde.
     
    Su padre, Mohamed, y su madre Rashida habían hablado aquel día con él. Llevaban mucho tiempo esperando a que Ahmed cumpliera los diez años y también llevaban mucho tiempo ahorrando dinero para poder dar a sus hijos una vida mejor.
     
    Él era un niño muy cariñoso y comprensivo, amante de sus padres. Sentía una profunda pena por su padre, que en una ocasión cayó enfermo, y al no tener recursos para curarse, le quedó como secuela una ceguera.
     
    - Es por ese motivo - dijo su padre - por el que no soy yo el que me embarco en este viaje. Hoy he hablado con un hombre que te llevará a España, junto con cincuenta personas más. Tendré que pagarle con casi todos nuestros ahorros. Cuando finalicemos el Ramadám recibirás mi bendición, hijo, y partirás hacia ese próspero país en busca de un trabajo digno para que tu madre, tus hermanos y yo podamos seguirte más tarde.
     
    Ahmed recordaba las palabras de su padre mientras jugueteaba con unos guijarros. Los tiraba hacia delante y los oía caer por el acantilado. Tenía miedo. Sabía que el viaje se realizaría durante la noche, y le asustaba terriblemente la oscuridad. Pero también sentía un profundo respeto por su padre y su corazón le decía que tenía que cumplir la misión que éste le había encomendado."
     
     
     
     
     
     
                                 
     
     
     (El Cuento de Navidad Continuará la Semana que viene...)

    El Taller de Tammy

                                              
                                                          http://eltallerdetammy.blogspot.com/
     
    Acabo de estrenar blog de manualidades. En vista de que este año casi todos los regalos que voy a hacer proceden de mi pequeño taller, he decidido crear un escaparate para todas estas cosas. Además, la crísis agudiza el ingenio, y acepto encargos a precios muy asequibles.
    Me he propuesto ponerlo al día en estas vacaciones, así que todos los que querais que os agregue a mi lista de blogs, dejadme un mensaje en esta misma entrada.
     
     
     
     
    AGREGADO!!!!!!!
    He cambiado la dirección del blog de manualidades, la teneis ahí arriba. He tenido problemas para acceder al primero y he decidido abrir uno nuevo.
     
    December 05

    Paredes Blancas, Batas Verdes y Un Cigarro.

    Horrible...
    Aquella noche fue horrible, y muy larga. Cosí y cosí pensando en cosas bonitas, en la Navidad, haciendo imposible la idea de que no pudiera vivirla este año. Tratando de imaginar las caras de los destinatarios de aquellos regalos reflectadas en las paredes blancas de la habitación. E intentando que el burbujeo de la botella de oxígeno no consiguiera distraerme de aquellos pensamientos positivos, con la mirada clavada bajo el bulto de las sábanas, intuyendo la dificultosa respiración que escapaba desde allí, tocando mis oídos para ayudarme a calmar los nervios.
    Sin embargo, a las tres de la mañana, una fumadora que está despierta a esas horas necesita fumar. Y yo necesitaba desesperadamente un cigarro.
    Así que me dirigí al mostrador de las enfermeras de la planta para indicarles que iba a tardar en volver 15 minutos.
    Y con el paquete de tabaco agarrado en una mano y el mechero en la otra, me metí en el ascensor y bajé hacia la puerta de salida.
    Cuando éste se detuvo y las puertas se abrieron, me dí cuenta de que no había guardias de seguridad por ninguna parte y empujé la puerta principal sin que se moviera un ápice. Estaba bloqueada.
    La calle estaba al otro lado de esos cristales, viva, alumbrada, y el frío flotaba en una fina rociada. Sin embargo, en mi lado de los cristales todo era blanco y estéril, silencioso, taciturno.
    Paseé por los pasillos blancos, por las consultas de puertas cerradas, buscanco un vestigio de vida, de compañía. Un alma que estuviera perdida como la mía y que pudiera acompañarme a fumar ese cigarro.
    ¿Sabeís? Es bastante angustioso perderse de madrugada en un hospital vacío.  Puedes fijarte mucho más en los detalles.
    Confieso que antes nunca había pensado en ello.
    El brillo de los metales refulgía ante mi mirada sorpendida, las sillas de ruedas vacías, con remiendos de esparadrapo, se amontonaban ordenadas como carros de la compra, esperando a sus propietarios ocasionales.
    Escuché música, y la perseguí hasta un laboratorio lleno de probetas, con superficies también blancas, en las que los tubos de sangre resplandecían como bombillas. Pero no había batas verdes por ninguna parte.
    Visité todas las plantas, y empujé muchas puertas, pero ninguna se abrió. Los corredores silenciosos, alumbrados por esas tétricas luces de tubos fluorescentes parecían burlarse de mí. O quizás estaba tan afectada que decidí volverme animista en aquellos momentos en los que la humanidad parecía haberse esfumado para dejarme sola con mis pensamientos y el cada vez más imperante deseo de saborear la nicotina en mis labios.
    Tras la curiosidad, el miedo. La incertidumbre. Mi deseo incrementado. Salas de quirófanos, las calderas funcionando con un zumbido lastimero.
    Una lámpara. Pasillos sinuosos de la anchura de una camilla, de repente las caras afligidas de los visitantes de urgencias, y por fin el frío cortante de la noche, el brillo de las estrellas, la cara sonriente de la luna llena y el aroma a sal de la Playa de Levante. La vida.
    Me perdí en el interior del Hospital durante tan solo ocho minutos. Y la desolación que me transmitió aquel edificio perdurará en mi durante años. 
    Seis horas más tarde volví a bajar hasta aquella primera puerta, ahora abierta de par en par, cientos de personas apresuradas mezlandose sin cara ni facciones frente a mí. Las sillas rodando, las camillas con gotero empujadas por celadores de frentes sudorosas, médicos de sonrisas socarronas planeando los futuros de sus pacientes. Enfermeras fuertes cargadas de toallas y sábanas desvaídas del uso.
     Las paredes blancas ya no llamaban mi atención.
    Salí a la luz cegadora del sol, y me pareció que todo habría podido ser solo un sueño. Pero era imposible. Aquella noche la preocupación le había ganado la partida al sueño y yo no había sido capaz de cerrar los ojos un instante.
     
    Tamara Dommarco