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    February 26

    Y la Leyenda continua...

     
     
    ¡Si!, decididamente, la Leyenda continua...
    Inaguré este blog con el propósito de dar a conocer a mi entorno más cercano mis inquietudes literarias. Por aquel entonces, todavía había quién me preguntaba con una mezcla de asombro y sorpresa pintada en la cara, desde cuando había estado interesada por tema.
    En aquellos momentos, la inseguridad y el temor me sobrevolaban, el miedo a no ser capaz de concluir una empresa difícil. Pero poco a poco fui siendo capaz de explicar a aquellos que querían saberlo, como he dedicado mi vida a hilar palabras sin apenas darme cuenta.
    Desde aquel primer diario, luego los cuentos, los poemas, más tarde los relatos y por fin una novela.
    En estos momentos este blog ya no es sólo visitado por la familia y amigos; poco a poco se han ido uniendo desconocidos que han dejado de serlo con el transcurrir del tiempo ¡Y eso es lo mejor de todo!.
    Justo después de enviar el "El Legado De Molay" a la editorial, me puse a escribir algo ligerito; un cuento al que he llamado "La Partitura del Violinista". Todavía me queda decidir a que concurso lo presentaré cuando lo finalice.
    Pero os cuento que la leyenda continua...
    Con esto me refiero a que hoy ha comenzado la cuenta atrás otra vez. El proceso de documentación de la próxima novela ya está en marcha. Por supuesto, ira en la línea de la anterior (aunque sinceramente, espero ser capaz de mejorar mis aptitudes con respecto a aquella), es decir,  que estara enmarcada en la ficción histórica.
    La idea del argumento me vino a la cabeza en junio del año pasado, durante mi último viaje a la República Dominicana, mientras montaba un caballo escualido por la jungla. El bosquejo principal lo conservo escrito en unas hojas con membrete de un hotel Barceló.
    El mismo día que tenía que tomar el avión de vuelta, encontré en una tienda un libro; una especie de tratado sobre la desaparición de la civilización taína, de la que apenas nos han quedado noticias. Lo tomé como una especie de señal ( al final voy a tener que reconocer que soy supersticiosa), y tomé la decisión de dejarme llevar por el instinto.
    ¡Ahora vuelta a empezar! Y aquí está ese cosquilleo que me asegura que tengo que poner a tejer una Leyenda a esa musa saltarina.
    La próxima semana os presentaré un nuevo escenario de "El Legado De Molay, la "Garrison Library", una biblioteca muy especial...
     
     
    Con Coco
     
     
     
    Tamara Dommarco
    February 19

    El Hotel Reina Cristina en "El Legado De Molay"

    Hotel Reina Cristina (Algeciras): Escenario inmejorable para el Capítulo XII de “El Legado De Molay”

    Hace algún tiempo os comenté mi visita a este hotel. Por aquel entonces, la novela no estaba terminada, ni tenía aún muy claro cómo llevaría a cabo el desenlace de la trama.

    En aquella entrada de blog que no pude ilustrar con fotografías, os conté que el director del hotel nos había ofrecido a Juanito y a mí una visita a las preciosas instalaciones.

    Los jardines son poseedores de un cuidado trazado, y sorprende encontrarse en mitad de ellos unas ruinas musulmanas, concretamente, las antiguas murallas que delimitaban y fortificaban la primitiva ciudad de Algeciras.

    En el momento en  el que me vi sentada en la terraza, supe que la acción tenía que desarrollarse allí. Hacía un día perfecto, y sin embargo fui capaz de imaginar como de majestuosas debían ser las vistas que aquel promontorio que se asoma a la bahía seguro ofrecía por la noche.

    Yo había oído circular rumores en torno a ciertas historias sobre pasadizos que los espías habían usado para escurrirse con sigilo desde el hotel hasta la playa durante la Segunda Guerra Mundial. Honestamente fue ese detalle el que principalmente me empujó a investigar más a fondo aquel edificio ( aún cuando pensaba que aquello debía de tratarse de una simple invención). Aquel día tuve la oportunidad de asomarme a esos pasadizos que resultaron existir realmente…

    Por otro lado, al revisar el listado de registro de huéspedes me encontré con un varipinto grupo de personajes ilustres (reyes, toreros, actores, cantantes, políticos, poetas…) que habían desfilado por las habitaciones a lo largo de los siglos; y entonces fui consciente de la desconocida importancia del “Reina Cristina” en la comarca del Campo de Gibraltar.

    Paco, el director del hotel, contando con el beneplácito de los propietarios, tuvo a bien recibirme con una colección de documentos que ponía nombre y apellidos a los generales alemanes que se habían hospedado en el hotel, junto con un detallado seguimiento de las actividades de observación y vigilancia que se llevaron a cabo en 1945 con el propósito de diseñar un certero plan de ataque a Gibraltar.

    Paseando por las instalaciones con la grabadora en la mano, a cada paso crecía en mí la certeza de que aquel hotel de aire inglés es poseedor de esa pizca de magia que siempre consigue encandilarme,  así que resolví que tenía que ingeniármelas para hacerlo encajar en un argumento que todavía no estaba lo suficientemente consolidado.

    ¿Qué podía  tener que ver un hotel de finales del 1.800 con la idea central de la trama:  un legendario secreto templario oculto en Gibraltar?.

    Si  sus  salones habían sido recorridos por espías de todas las nacionalidades, y era un hecho probado que aquellos generales habían sido hospedados en la suite favorita de la Reina María Cristina de Habsburgo- Lorena (madre de nuestro Rey Alfonso XIII), entonces, no cabía duda de que necesariamente, el régimen nazi  tenía que hacer su aparición en mi novela…

    Tomada esta decisión, las piezas del puzle encajaron con precisión. Por eso el ambiente de este hotel configuró el escenario perfecto para que un grupo de altos mandos militares alemanes se dieran cita en una noche de verano en el último de los capítulos…

     Pero …¿Qué hacían allí?, ¿Cuál era su propósito real para orquestar un ataque a la enigmática Roca?, ¿Quién les proporcionaba los informes que precisaban? Y sobre todo, ¿Cuál era el secreto, oculto durante siglos, que permanecía a la sombra del Peñón siempre custodiado por hombres de corazón noble?

    ¡Siento deciros que todas estas preguntas sólo obtendrán respuesta cuando la editorial se decida a publicar “El Legado De Molay”!

    Mientras tanto, un cariñoso saludo para el director del Hotel Reina Cristina, que en estos días me ha asegurado que de resultar mi obra un “bestseller” está decidido a cambiarme un ejemplar firmado por una estancia de fin de semana en mi hotel favorito. (En régimen de todo incluido, ¿no es así, Paco?).

    ¿O debería pensar que me haces el ofrecimiento por lo difícil (y casi inalcanzable) de mi empresa?

    Tamara Dommarco

     

    En la muralla moraUna pausaCon Paco Martínez, el director del hotel.

    Os dejo la dirección web del hotel. Aquellos que suspiráis por  una escapadita de fin de semana, no dudéis en la posibilidad de visitarlo. Os aseguro que merece la pena. (No teneís más que ver las fotos que os he dejado en el nuevo albúm).

    http://www.reinacristina.es/

     

    February 15

    Premio Desafío

    Premio DesafíoMedalla 1

     

     

    Una de las lectoras de este blog, ha decidido otorgarme un premio por tratarse éste de uno de sus blogs favoritos. ¡Gracias, Susana Monedero!, espero que sigas encontrándote a gusto por aquí durante mucho, mucho tiempo. 

    El Premio Desafío consiste únicamente en rellenar este cuestionario que sigue. Y realmente me parece una buena forma de acercarme más a los que decidís pasaros por aquí de cuando en cuando.  Después se trata de que yo decida que otros cinco blogs creo merecedores del estupendo galardón.

    Y el cuestionario es el siguiente…

    Lo que te choca:  las personas con ideologías extremas. Sí… también me choca que los jóvenes no sean capaces de admirar a sus mayores; que no se den cuenta de que la experiencia vital de los ancianos es enriquecedora y no entorpecedora.

    Lo que te eriza: Me erizan varias cosas ; entre ellas la prepotencia, la soberbia, la creación injustificada de prejuicios, el clasismo, el maltrato en general…

    Lo que te excita:  Ummmm! Un buen masaje dado con premeditación y alevosía…

    Lo que te suelta:  encontrar una sonrisa en la boca de mi interlocutor.

    Lo que te hace reír: mi marido y los buenos amigos que cuentan  chistes malos.

    Lo que te hace llorar: las situaciones emotivas,  las injusticias, y pelar cebollas…

    Lo que te da nauseas: me da nauseas el tremendo olor a fuel que inunda mi bella comarca con la llegada del viento de poniente. ¡Fuera las Refinerías!

    Lo que te hace falta para ser feliz: tener proyectos y ser capaz de llevarlos a cabo para sentirme realizada. Un beso cada día.

    Lo que te causa infelicidad: los problemas económicos, que más bien me causan desazón… ¡Aún así soy una temible adversaria para la tristeza!

    Lo que pides: Pido seguir siendo capaz de generar energía positiva para contagiarla a los que me rodean.

    Lo que temes: la pérdida de mis seres queridos (incluido mi perro)

    Lo que no quieres perder: el rumbo. No quiero perder nunca las riendas de mi vida.

    Lo que quieres alcanzar: Sueño con que mis novelas lleguen a reposar en mesillas de noche, bolsas de playa, guanteras de coches, equipajes, bandejas de avión, asientos de autobuses, cisternas de wc, estanterías de diseño, baratas baldas de conglomerado…  de lectores que disfruten con mi forma de escribir. Confío en poder vivir de ello algún día.

    La fecha que odias: todavía no la conozco.

    La festividad que adoras: el cumpleaños de mi padre.

    Una nostalgia: Varias nostalgias:

    Los juegos de mi infancia: la creación de la agencia de detectives, los experimentos ,las intrépidas excursiones, las largas lecturas encogida bajo la casita de tela roja con tulipanes amarillos pintados en sus ventanas, el cola-cao y el bollo de mantequilla sentada en la falsa chimenea del salón a la espera de la sintonía de “Barrio Sésamo”…

     

    Me queda dejar prendido de estas páginas un cariñoso saludo a mis lectores  y amigos gibraltareños;  pues intuyo que sois cada día más los que me acompañáis, los que estáis interesados en conocer de qué forma he retratado vuestra ciudad en mi novela.

     Esta semana pasada pude entrevistarme brevemente con Francis Cantos, el portavoz y secretario de prensa del Gobierno de Gibraltar. El hundimiento del “New Flame” (debido a los vientos de Levante que han azotado durante toda la semana al Estrecho ), le llevó a confundirme en principio con una periodista de los medios de comunicación españoles.

    Después de darle a conocer el motivo de la audiencia, se mostró muy interesado por la posible publicación de “El Legado De Molay”. 

    Y es que no me canso de decir que los gibraltareños tienen otra manera de afrontar la vida.

    Apoyan cada una de las iniciativas individuales como si del más importante de los proyectos se tratase.  En cambio,  todavía estoy esperando a que su graciosa majestad,  el concejal de cultura de mi ciudad, de respuesta a alguno de mis mensajes…  y es que … Spain is different!

    Y ahora mis blogs recomendados para el premio desafío:

    Anuskacosgaya.blogspot.com

    Adelantemisvalientes.spaces.live.com

    www.retales-de-vida.blogspot.com

    http://Poemas dehanna.blogia.com

    http://relatosdebolsillo.blogspot.com

     

     

     

     

     

    February 11

    LA BICICLETA NEGRA

    Mis amigos lectores:

    En espera de la decisión sobre la publicación de mi primera novela "El Legado De Molay" por parte de una primera editorial que está valorándo la posibilidad de incluir mi trabajo entre sus títulos, creo que es de justicia compartir con vosotros otro de mis relatos cortos a cambio de vuestra compañía.

     "La Bicicleta Negra" está ambientado en un imaginario hotel de Ámsterdam. He intentado recrear el clima mágico que esta ciudad me regala en cada una de mis visitas. Cuando la libertad parece caminar sobre mi piel cuando navego por sus canales mientras observo admirada la fusión entre la modernidad y lo clásico...

    Diría que este escrito tiene una clara inclinación romántica, por eso, ¡ Y esto es un aviso!, abstengánse de leerlo personas desencantadas,  las enemigas de los sucesos casuales que resultan ser encantadores o aquellas que dejaron escapar la ilusión el día en que despidieron para siempre a su infancia... ¡Consideradlo un regalo para San Valentín de mi parte!

                               

     

     

                              la bicicleta negra

                                     Por Tamara Dommarco 

     

     

     

     

     

     

    Las dos últimas semanas de mi vida habían dado un giro a mi existencia. El taxista, vestido con corbata y chaqueta, bajó del coche con cara inexpresiva y abrió el maletero para bajar mi bolso y dejarlo en el suelo, en la acera.

    Mi hermano salió del coche, con los auriculares del mp3 encasquetados en los oídos y el murmullo de la música que escuchaba flotando en torno a él.

    Miré la hora y como quién no quiere la cosa, reparé por enésima vez en la fecha del calendario. Sí, ya habría estado casada. De no ser porque hacía exactamente quince días que había acontecido el descubrimiento que había paralizado mi mundo.

    Ese día salí del trabajo más temprano y compré palomitas para microondas en el supermercado de mi barrio. Pensaba alquilar una película  para sorprenderle a él.  Pero cuando llegué a casa, la sorprendida fui yo. Marcos y mi madrina de boda, mi mejor amiga, habían encontrado un plan alternativo.

    La tristeza, la pena, la ira, el descontrol en el que me vi inmersa, las lágrimas inesperadas que me asaltaban vestidas de recuerdos hermosos, mis ganas de huir para olvidar,  los sabios consejos de las amigas que ya están casadas y lo ven todo muy claro … Todo me empujo a navegar por la red en busca de una buena oferta para hacer un viaje, y allí estaba, con grandes rótulos parpadeantes: un hotel en el centro de Ámsterdam a un precio más que asequible, ¡Casi ridículo!.

     

    Ya he comentado que tengo  amigas que parecen saber  mejor que yo  misma lo que más me conviene. Debía viajar con un chico que me hiciera dejar atrás mis penas. “Un clavo siempre saca a otro” me decían convencidas. Era cierto que al pensarlo, parecía el mejor de los planes, pero con solo quince días por delante, y un desanimo arraigado en el corazón, la búsqueda del compañero de viajes ideal se había limitado a llamar a mi hermano y pagarle el billete para que me acompañara. De todas formas nunca ha sido muy comunicativo, así que era la única salida que tenía para viajar sin sentirme del todo sola.

    Y allí estábamos ambos, parados ante la fachada del hotel “La Bicicleta Negra”.  Se trataba de una casa antigua de ladrillo rojizo, que estaba situada en una esquina frente a un conocido canal, en  un  apartado  distrito  de  la  ciudad  de  Ámsterdam.  La puerta de madera parecía haber visto pasar los siglos ante ella.

    Tomé mi bolso con decisión y entré en la recepción. Ya estábamos allí, y lo mejor que podía hacer era disfrutar de la ciudad y pensar en qué visitas invertir mis tres días de estancia. Deseaba sentarme tranquilamente en la habitación con la guía en la mano, para planear lo que quería hacer. Por primera vez en mucho tiempo, no tenía que contar con la opinión de nadie. ¡Podía hacer lo que quisiera! Comencé a mirar a “La Bicicleta Negra” con otros ojos.

    Como el inicio de una nueva etapa para mí. Un chico moreno, alto y regordete nos recibió con una sonrisa en la recepción.

    Miguel se sentó en un sillón dispuesto a no ayudarme en nada. De todas formas, creo que ya he dicho que no es muy expresivo. Saqué de mi bolso el arrugado papel en el que había impreso la reserva de nuestra habitación y se lo mostré al recepcionista, en cuyo chaleco pude ver una chapa con el nombre Alfred  inscrito sobre una gran hoja de marihuana. Frunció el ceño y me miró. Preguntó si solamente éramos dos huéspedes. Yo le confirmé que así era.

    En aquel momento, la puerta se abrió dejando pasar un viento frío y cortante. Me alegró oír que las voces que se aproximaban hablaban en español.

    Dos jóvenes entraron en el recibidor bromeando entre ellos  e intercalando algunas carcajadas en su conversación.

    - ¿Podemos subir ya a nuestra habitación? -pregunté algo impaciente.

    Entonces Alfred me explicó que debía haber habido un error. ¿Acaso no sabía que se trataba de un albergue? Las habitaciones tenían cuatro camas. Y sólo les quedaba una libre.

    - Perdona, ¿sólo una habitación libre? -uno de los turistas se adelantó. También hablaba inglés.- Debe de ser la nuestra, tenemos la reserva aquí.

    Sacó un documento de similares características al mío. Alfred permaneció impasible. No parecía preocupado ni apurado por la situación.

    La única solución, dijo, era que compartiéramos la habitación. El no podía hacer ninguna otra cosa. Bueno sí, podía llamar a un taxi para que nos llevara a otro hotel, a riesgo de perder nuestro dinero. Cuando empecé a tomar en cuenta esa posibilidad, las nubes grises soltaron de golpe toda el agua que venían conteniendo. Esto coincidió con la caída del día. Ya era de noche ¡A las cinco y media de la tarde!

    Resignada, comprendí que era una locura aventurarme a buscar otro alojamiento con aquel tiempo de perros. Y accedí a compartir la habitación con los desconocidos. A mi hermano, como supondréis le traía al pairo.

    Subimos por la estrecha escalera. Las paredes estaban decoradas con fotografías en blanco y negro de bicicletas con diferentes paisajes de fondo, sobre todo canales.  Yo estaba tan contrariada que ni siquiera me presenté. Uno de ellos llevaba la llave, una enorme y dorada, nada sofisticado como las modernas llaves-tarjeta.

    Pasamos el umbral y nos encontramos con una habitación pequeña pero muy limpia. El suelo era de madera y las camas estaban organizadas en dos literas con dos camas cada una.

    Puse mi bolsa sobre una mesita y miré a través de la ventana. Había  un parque con un estanque al otro lado de la calle, y un grupo de patos estaba cruzando la carretera bajo la lluvia.

    - ¡Ya sé que venimos a pasarlo bien, y no a quedarnos apalancados en una habitación de hotel!, pero Mario, mira que noche hace. El pronóstico del tiempo decía que a partir de mañana mejoraría, nadie va a cambiar a esos “coffeeshops” de lugar. Mañana van a seguir estando en el mismo sitio.

    - ¿Coffeeshops? -mi hermano salió de su mutismo y se acercó a Mario.- Tío, me voy contigo. Mi hermana es una aburrida y paso de quedarme aquí encerrado.

    Abrí la boca indignada para decirle alguna cosa, pero me encontré con los ojos divertidos del otro chico, del que todavía no sabía el nombre.

    - Soy Helena -dije. Parecía que a fin de cuentas, no iba a tener más remedio que conocerle. Miguel y Mario hablaban entre sí llenos de animación. Miguel traía preparada una ruta para visitar los mejores locales de la ciudad. ¡Y a mí no me había dicho nada!

    Miré hacia la puerta justo para decir adiós a los valientes expedicionarios.

    La habitación se quedó repentinamente en silencio. Luís me propuso bajar a cenar y acepté. Observamos que el comedor era acogedor, acorde con el resto del edificio. Sobre una mesa alargada las fuentes contenían ensaladas y pasta. Nos servimos un plato y  tomamos asiento. En pocos minutos comenzamos a hablar sobre nosotros, y cómo habíamos ido a parar a “La Bicicleta Negra”. Apenas me di cuenta de lo que comí o lo que bebí. Estaba inmersa en sus ojos y en su voz y tenía la sensación de que le conocía hacía mucho tiempo, más del que podía recordar. Reímos y contamos anécdotas, intercambiamos chistes, los temas de conversación se sucedían con tal rapidez que parecían estar enganchados con hilos transparentes que no podíamos ver, sino solamente sentir.

    Después de más de dos horas, una camarera nos dijo que tenía que limpiar nuestra mesa y cerrar el comedor. Al mirar a nuestro alrededor vimos con sorpresa que ya no quedaba nadie más.

    - Es porque ha dejado de llover -nos dijo amablemente.

    Podíamos haber salido a la calle, en busca de algún bar en el que tomar una copa pero yo estaba segura de que se rompería el hechizo del momento. Y tenía la certeza de que él creía lo mismo. La atmósfera de aquella vieja casa convertida en hotel comenzó a parecerme mágica. Y no quise que la magia terminara. Por eso, cuando pasamos junto a una puerta de doble hoja, miré al exterior. Daba paso al jardín de la parte trasera.  El olor a la hierba mojada y el frío vigorizante me invitó a cruzar el umbral. Luís me siguió con curiosidad mal disimulada.

    Justo frente a nosotros, un árbol centenario extendía sus hojas intentando tocar el cielo encapotado. Una bicicleta negra descansaba apoyada en su tronco. Las gotitas de agua que habían caído sobre ella, y que aún corrían apresuradas sobre el metal, la iluminaban con tonos de plata.

    Nos miramos y salimos corriendo a la misma vez para cogerla. Luís se montó en el sillín y yo me dejé caer riendo sobre el porta paquetes. Dimos vueltas y más vueltas por el jardín. Después, intenté guiarla yo, llevándole a él de pasajero, y casi caímos de costado.

    Reí tanto que dos lágrimas atravesaron mi cara llevando la felicidad a mi corazón roto.

    Dejamos la bicicleta allí donde la habíamos encontrado, y nos sentamos sobre un banco de piedra, todavía húmedo, para observar la fachada posterior del hotel. El  aire  helado provocaba que nuestro aliento se condensara al tocar el aire.

    Coincidímos en que era el hotel menos lujoso en el que habíamos estado. En que era pequeño y la comida no muy buena.

    Y sin embargo, mirando sus paredes de piedra, los vanos de las ventanas, con sus marcos de madera, y los parterres del jardín cuajados de tulipanes, no tuvimos más remedio que reconocer que nunca habíamos tenido la suerte de encontrar un lugar más acogedor que aquel.

    El fin de semana transcurrió con rapidez. Miguel y Mario resultaron ser inseparables. Luís y yo conocimos la ciudad al amparo de la ilusión que la primera noche había sembrado entre nosotros. Parecía algo imposible de creer, pero entre aquellas paredes, en aquel humilde hotel, parecía que la atmósfera  había  propiciado el  acercamiento. Por muy precavida que quise ser en ese aspecto, reconozco que me dejé llevar. ¡Seguí el consejo del clavo a rajatabla!

    El día que nos marchábamos, sintiéndonos ya como viejos conocidos, una fotografía  en blanco y negro llamó mi atención. Le pedí a Alfred que me dejara pasar tras el mostrador para verla mejor.

    Había sido tomada en la antigua puerta de madera, y mostraba a un anciano de pelo blanco montado sobre una bicicleta. Tenía la mano extendida y ofrecía un tulipán a una mujer que correspondía a su mirada con arrobo. Era el retrato más bonito que hubiera visto nunca. Era tan evidente que estaban enamorados, la imagen en sí era tan tierna,  que te arrancaba una sonrisa emocionada al verla.

    - ¿Quiénes son? -pregunté interesada. ¿Podría ser que yo estuviera mostrando esa misma expresión en aquellos momentos?

    - Eran los dueños de esta casa -Alfred miró la fotografía también- Sus nietos son ahora los propietarios, los que han decidido convertir la mansión en un albergue. Me contaron que no querían dejarla sumida en el silencio y la tristeza. Dicen que ahora se parece mucho más a los tiempos en los que la habitaba esa pareja. Eran muy felices, y la casa respiraba alegría.

    - ¿Están vivos?

    - No, murieron los dos. Pero no a causa de ninguna enfermedad. Simplemente, un día ya no despertaron. Se fueron los dos juntos. Y, ¿puedes creerlo?, justo hasta el día anterior, habían estado montando en bicicleta por el jardín. Pero  parece  que  algún  desalmado  la  robó  de allí  el  día  de  los  funerales  ¿no es increíble? ….

    Con  una  media  sonrisa  aparté  mi mirada  de  la  fotografía  y  busqué  los  ojos  de  Luís.  Sin  duda,  aquel  había  sido  el   viaje  más  increíble  y  sorprendente  de  mi  vida. 

     

     

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    February 04

    La Primera Oportunidad

    Queridos lectores:
    Reaparezco siendo consciente de que os debo una explicación por mi largo periodo de ausencia. En estos momentos ya puedo hablaros de mi primera oportunidad.
    Hace tres semanas decidí enclaustrarme de manera voluntaria. Fue entonces cuando recibí la respuesta de una importante editorial.
    Sin apenas esperanzas, sabiendo que el mundo editorial es complicado y casi desconocido para mí, me atreví a contactar a una editorial para ofrecer un fragmento de mi novela con el fin de que lo examinasen para determinar si era o no interesante para su publicación. Fue acompañado de una sinopsis del argumento y una pequeña introducción a cerca de mi persona que incluía este pequeño rincón desde el que os escribo.
    El caso es que al día siguiente, aquel recorte del capítulo II ya había pasado dos filtros y era el director de la editorial quién me pedía que les enviara el manuscrito completo.
    Me enclaustré para cerrar el círculo. Esto me llevó una semana. Durante las siguientes dos semanas me dediqué a realizar las tareas de correción ortográfica y de estilo, con ayuda de mi inseparable y fiel Juanito.
    Una vez la novela estuvo acabada, la pasé a papel. Reconozco que me sorprendí un poco al ver su volumen: 244 páginas a un solo espacio.
    Este viernes pasado la registré como siempre en la oficina provincial de Registro de la Propiedad Intelectual de Málaga, y esta mañana ya ha salido de camino para reunirse, gracias a la diligencia de un mensajero, con el editor que me retó a mostrar cómo había sido capaz de secuenciar los planos geográficos y temporales de la trama.
    Se trata en definitiva, de mi primera oportunidad. La innombrable ya tiene nombre, y puede ser usado por mi parte con todo el orgullo que me cabe en el pecho:
    "El Legado De Molay" ya está buscando su lugar en uno de los grandes grupos editoriales de nuestro país.
    No quiero contar el cuento de la lechera; no quiero hacerme con vanas ilusiones. En realidad lo que tengo claro y me importa es que después de casi cuatro años de trabajo, mi novela ya está terminada, y estoy muy satisfecha con el resultado.
    Puede que el total de la obra no termine de convencer al editor. Pero esta es mi primera oportunidad; y si no sale bien, no será por falta de esfuerzo de mi parte.
    Alguien me dijo una vez que sin padrino, no vas a ninguna parte en este mundo de letras.
    Creo que mi tesón se verá gratificado tarde o temprano. Pero si consigo algo, eso si lo tengo claro, lo conseguiré por méritos propios. 
     
    Tengo un recuerdo especial para Paqui, de la Venta el Higueron. Ella fue testigo del brindis que mi hermana y yo llevamos a cabo por mi libro.
    Déjame decirte, Paqui, que puedes conseguir lo que te propongas.
    Si quieres escribir, hazlo!
    No permitas que nadie te robe la ilusión. Sólo las personas frustradas son capaces de hacer desangrarse a un sueño... El resto  te apoyará!
    Confía en tus posibilidades, que son , ni más ni menos, las que todos los demás tenemos.
     
    Por mi parte, me queda esperar la respuesta. En el peor de los casos me la rechazarán, pero está preparada para concursar, para llegar a otra editorial ... ¡Para comerse el mundo!
    Un beso para todos los que encontraís por aquí un rincón agradable de lectura.
     
    Tamara Dommarco