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    May 19

    La LLave Y el Candado

     O El paso del Diario al Blog…

     

     

    Estimados lectores…

    Hace ya un año que inauguré este blog desde el que os escribo. Un año que ha transcurrido velozmente, lleno de ilusiones y nuevas oportunidades, año en el que trabajé duramente para finalizar con un proyecto literario del que en la actualidad, espero recoger los frutos…

    Y hoy me he despertado con una sensación de familiaridad pegada al paladar.

    Hoy que me dispongo a encuadernar todas las entradas que he escrito a lo largo de este año, el día ha amanecido gris, plomizo, lluvioso. No consigo detectar el olor a sal en el aire que respiro, tan sólo el de la humedad que la brisa de levante trae consigo. Exactamente igual que en aquella ocasión, el día en el que decidí que nunca más escribiría un diario…

     

    Hace poco encontré mi caja de los secretos. Recomiendo a toda madre que le deje tener una a su hija. Así, cuando sea adulta y el poder de la realidad haya hecho mella en su carácter, la que un día fue niña será capaz de atesorar para siempre la efímera fragancia de la inocencia, y de todas esas cosas bellas que nos acompañan en la infancia, hasta que un día caes en la cuenta de que te las dejaste por el camino un día sin determinar…

    El caso es que yo tengo una de esas cajas. En ella hay fotos, alhajas y recuerdos de todo tipo. Pero sobre todo, en ella hay diarios. Casi todos de princesitas, con colores de tonos pasteles y cerraduras doradas (todas pulcramente cerradas con llave).

    Son las memorias de mi niñez y adolescencia, que un día, recibirá en herencia la mayor de mis sobrinas.

    Soy bastante reacia a leer sus páginas. Cuando me he atrevido a hacerlo, mi propia voz de niña me ha sobrecogido al repasar esa caligrafía redondita, en la que a veces, los puntos de las “íes” se convertían en corazones. Hacer girar la llave en esas pequeñas cerraduras brillantes es como pagar un billete para un viaje en el tiempo. Puedo recordar olores, situaciones, personas, canciones y películas.

    Puedo leer las anécdotas más divertidas, y las penas más dolorosas, ampliadas siempre por el prisma de una visión infantil que engrandece cada uno de esos diminutos detalles, dejándome a veces con una sonrisa en los labios, otras con una lágrima de compasión por la niña que un día fui.

    Entre los 6 y los 17 años, y casi con continuidad, escribí cientos de páginas, lo cual no deja de resultarme bastante trágico, pues a pesar de estar siempre rodeada de amigas, ahora me doy cuenta de cuán prolífica era mi vida interior.

    No descarto la posibilidad de escribir una historia basándome en ellos, pues pienso que pase el tiempo que pase, y a pesar de las diferencias generacionales, las niñas seguirán siempre un mismo patrón de crecimiento y desarrollo…

    El caso es que llegó un día plomizo y gris, como el de hoy. Y ese día decidí que nunca más escribiría un diario. Les puse el candado a todos ellos y guardé la llave que los abre en el interior de un monederito rosa.

    ¿Acaso no es similar a todo aquel proceso, lo que vengo haciendo aquí, en el blog?

    Llego a la conclusión, ahora que ha pasado un año desde que éste blog quedó inaugurado,  de que he sustituido un soporte por otro, de que ahora ya no me asomo al mundo desde el interior de unas páginas perfumadas de líneas anchas, sino desde este pequeño rincón en el que muchos quieren promocionarse y otros, simplemente, pasar desapercibidos…

    Hoy llueve, como aquel día. Pero hoy, igual que entonces, sólo puedo decir que “No llueve eternamente”…

    Os doy las gracias a todos los que en algún momento, os habéis dejado arrastrar por mis palabras.

    Tamara Dommarco.

     

     

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