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    June 27

    Breve Inciso

     
     
                         premio_de_vida PREMIO BLOG CON VIDA premio_de_vida     
     
     
     
     
     
    Mientras dejamos a Faresol y a Diana en un punto de la historia (ni tan siquiera yo sé en estos
    momentos cómo continuará la misma), me dispongo a recibir el premio "Blog con Vida" que Teresa Guzmán me ha otorgado.
    Para quién no conozca a Teresa, sólo puedo decir que es una artista sevillana, y que merece mucho la pena visitar su blog para poder ser capaz de contemplar su arte. Es por eso que os dejo aquí su dirección, para que os paséis a conocerla, a ella y a sus trabajos. 
                                             http://teresaguzmanysuspinturasblogspot.com/
     
    Por otro lado, ahora debo premiar a dos de los blogs que me gusten con este premio. Yo voy a darle el premio "Blog de Vida" a PEPE SARDÁ, lector de este foro, que además escribe de maravilla.
    El otro premio se lo doy a JUANITO E.T para que se anime y siga escribiendo las aventuras y desventuras de su amigo Panchito. (O cualquier otra cosa, pues todo lo que escribe merece la pena).
     
    Y ahora las respuestas del cuestionario...
     
    UN COLOR: El negro. El color de la elegancia, el que hace más esbelta... ¡Me cuesta desprenderme de él en verano!
    UN NÚMERO: El 9. Y esto es así ya por pura manía. El primer novio que tuve cumplía años el 9 de septiembre. Y se me quedó de favorito, aunque últimamente estoy pensando en pasarme al 7, por sus reminiscencias mágicas...
    UN LIBRO: ¿Sólo uno?... Las novelas... Agatha Christie...
    UNA CANCIÓN: otra vez... ¿sólo una?, pues una que cada vez que la escucho me pongo contenta ... "Girls Just wanna have fun" de Cindy Lauper, o la de la banda sonora de los goonies, también de ella. Es que no lo he comentado nunca, pero soy una Goonie, jajajjjjaja.
    UNA COMIDA: las de mi suegra, no importa qué sea, si lo hace ella me gusta seguro. Por ejemplo sus croquetas, manjar de dioses, de a cuarto kilo cada una, con una bechamel espesota y los trozos de pollo limpitos.... ¡ummmmm! Cuchareo...
    UN LUGAR: me voy a quedar con Escocia. Estoy loca por ir. De los que ya conozco me quedo con Amsterdam (para más información, leer entradas antiguas).
    UNA PELICULA: Tengo cuatro pelis favoritas. La primera de ellas sin dudarlo es  "Los Goonies", deseandito estoy de que hagan una versión de la misma con los protas de mayores. Las otras tres son "El secreto de las pirámides", "Aventuras en la gran ciudad" y "Grease". Todas estas friki-pelis de mi infancia las veo de cuando en cuando. Pero cuando me convertí en adulta, me interesé por las ambientadas en la segunda guerra mundial, con los espías, los nazis, y las persecuciones a los judíos. Este contrapunto es el que me hace ser consciente de las miserias que ha vivido el mundo. (El pianista, Diario de Anne Frank, La vida es Bella, La Lista de Schindler...)
    UN MOMENTO DEL DÍA: Justo antes de quedarme dormida, cuando noto relajarse cada uno de mis músculos... últimamente llevo acumulación de estrés.
    BLOGS; FOROS o CHATS: me gusta leer los blogs de gente desconocida. Todos tenemos algo que decir o contar, y es estupendo tener este medio para poder expresarnos. Los foros me gustan, pero no tengo mucho tiempo para dedicarles. Hago lo que puedo por sacar adelante el que he creado, dedicado a la figura de la dibujante Trini Tinturé. También visito el de "Esther y su mundo".
    Los chats nunca me han gustado. Es realmente difícil poder mantener una conversación natural con alguien de un chat....
    UN REFERENTE EN LA VIDA: Mi padre. Siempre activo, siempre dispuesto a escuchar, siempre complaciente, siempre ahí para darme la mano y sus sabios consejos (más sabe el diablo por viejo que por diablo) Mi padre cumple este 25 de agosto 85 años.
    UN REFERENTE HISTÓRICO: todos aquellos que han luchado a lo largo de la historia por sus ideales, sin importar las consecuencias. ¡Valientes!
    UN REFERENTE DE FICCIÓN: Miss Marple, o Hercules Poirot, personajes de las novelas de Agatha Christie, culpables de que me pusiera a estudiar criminología hace algunos años.
    UN CAFÉ: ¡no gracias!, tampoco tomo Té. Ninguna de las dos cosas me gustan. Para mí lo mejor es una botellita de agua mineral fresquita. En invierno un cola-cao, claro.
    PROYECTOS: Seguir escribiendo, seguir haciendo siempre lo que me gusta. En estos momentos, mi prioridad es convertirme en la perfecta profesora de inglés...
    ¿ERES FELIZ?: Lo soy en estos momentos, sí.
    ¿TE ATREVES A DECIR TU EDAD?: claro que sí, cumplir años es la señal de que estoy viva. Acabo de cumplir 29.
     
    June 24

    Nueva Entrega

    La Partitura del Violinista Parte 2

     

     

    Los llantos sofocados de su madre le quebraron una vez más el corazón. Aunque sólo contaba diez años, deseaba decirle que corriera, que se alejara de él, que no soportara nunca más los golpes con esa dulce sonrisa congelada en sus labios.

    Suspiró hondamente y concentró su atención en las aspas del molino, en cómo giraban, en cómo los pájaros levantaban el vuelo asustados.  Sabía que en la aldea la gente cuchicheaba sobre su madre, pero también se daban codazos mal disimulados a su paso.

    Algunos niños de la aldea jugaban a tirarle piedras y él se limitaba a escucharlas caer, a sentirlas tropezar con su piel, con sus músculos.

    En una ocasión tuvo que escapar .  Le persiguieron para pegarle con las espadas de madera. Corrió hasta que le dolieron las partes posteriores de las piernas y un pinchazo se hizo paso desde alguna parte de su barriga. Tuvo que hacer un último esfuerzo para trepar a  lo alto de un sauce, en el que se mantuvo oculto durante horas, escuchando pasar el viento por entre las hojas.

    Faresol se había quedado dormido en la rama del árbol cuando escuchó los gritos y el golpeteo de los cascos de un caballo.

    -          ¡Auxilio!, ¡Ayuda! ¡ Detente Tormenta de Verano! – Faresol se agazapó en su escondite y vio a la dueña de aquella voz musical.  Era una niña de pelo castaño. Sus bucles saltaban descontrolados por todas partes. Asía las riendas del caballo fuertemente y las lágrimas brillaban en la lejanía, bañando su cara de luna.

    -          ¡Damián, ¿dónde estás?¡Ayúdame! – sollozó asustada.

    Faresol escuchó el rápido y rítmico galopar del caballo y se descolgó de la rama cuando solo faltaban unos metros para que el caballo llegara al sauce.

    La niña profirió un grito de terror y tiró de las riendas con fuerza. Un niño había salido de la nada y permanecía quieto, en mitad del camino. Era seguro que  Tormenta de Verano iba a arrollarlo a su paso.

    Pero la yegua levantó las orejas y torció la cabeza sacudiendo las crines. Su disparatada galopada se transformó por arte de magia en suave trote. Aguantó la sacudida y palmeó el lomo del caballo sorprendida. Ahora estaba parado justo frente al niño que también tenía torcida la cabeza, cómo los perros de cacería de su padre cuando olfateaban a las presas.

    Bajó de un salto y se plantó frente a él. Estudió su cara pecosa unos instantes. También su curioso pelo del color de la zanahoria. Sacó un pañuelo de encaje del dobladillo de su falda para secar el sudor de su frente, nuca y cuello.

    Permanecía con la mirada fija en ella, con una expresión de asombro en sus ojos grises.

    -          ¡Me has salvado la vida! Dime tu nombre, mi padre estará muy contento y querrá gratificarte cuándo se entere del peligro por el que he pasado.

    Faresol cerró los ojos y se concentró aún más en aquellas vibraciones. Quería guardarlas todas y cada una de ellas. Todavía no sabía qué hacer con todos aquellos sonidos, pero se contentaba con guardarlos en un rincón de su cabeza. Ya tenía muchos, los de su madre, los que traía el viento, los del agua al correr por el arroyo, junto a la aldea, el de las piedras cuando eran bañadas por el sol…

    -          ¿Estás bien?  ¡Mi caballo podía haberte matado, estaba completamente fuera de control!. Tormenta de Verano nunca había actuado así, no  sé que ha podido sucederle. – entonces Faresol abrió los ojos y articuló una palabra que no salió de sus labios.

    -          Dime al menos si vives en la aldea. Podré enviarte un obsequio a tu casa en premio a tus servicios.

    -          ¡Señorita! ¿Dónde se ha metido? – los gritos ansiosos del hombre y los cascos apresurados de su caballo se acercaban por el sendero del bosque.

    -          ¡Estoy aquí Damián! – la niña se giró agarrando al caballo por las riendas. – Tormenta de Verano se había desbocado, pero éste niño me ha salvado.

    Damián llegó y se bajó de su caballo negro de un salto. Corrió y se postró de rodillas a su lado.

    -          ¿Estáis bien? – la giró entre sus grandes manos como si fuera una muñeca de trapo, para comprobar que no se había hecho ningún rasguño. -. Vuestro padre se enojará mucho conmigo si se entera de que os he dejado alejaros sola.

    -          No te preocupes Damián, no tiene por qué enterarse. Afortunadamente para nosotros este niño ha salido valientemente en mi ayuda. Le preguntaba si vive en la aldea.

    -          ¿De quién me habláis? – ella miró por encima de su hombro , luego se dio la vuelta y escudriñó los alrededores con los ojos muy abiertos. Luego se encogió de hombros - ¡Estaba aquí! Ha debido de irse. No parecía demasiado hablador.

    -          Debemos regresar, Diana. El sol está cayendo y pronto el camino hacia el castillo estará demasiado oscuro. No debemos arriesgarnos a ser asaltados.

    Diana montó y espoleó ligeramente a su yegua, Tormenta de Verano. Damián, su preceptor, cabalgaba a su lado. Tenía que hablar con el señor.

    La niña volvía a tener encuentros con fantasmas, tal y cómo había sucedido años atrás. En aquel entonces, Diana aseguraba recibir la visita de varios niños de su edad con los que pasaba largas horas jugando. Lo extraño de todo aquello era que nadie más podía verlos…

     

                                          

                                                                                                                                        (CONTINUARÁ)

     

     

     

     

                 molinoPañuelo de encajeSauce del BosqueCaballo blanco

    June 16

    Un Relato Por Entregas

    Hace algún tiempo comencé a escribir este relato: "La Partitura del Violinista". Esas tres hojas se quedaron en mi ordenador de secretaria, en Gibraltar. Los personajes y el argumento se quedaron danzando en el limbo de mi pensamiento.

    En esta primera parte de la historia os presento el nacimiento de  Faresol, un niño llegado al mundo con un talento por desarrollar...
     
     
     
     

    LA PARTITURA DEL VIOLINISTA   parte 1

     

    “Hace muchos, muchos años, en un lugar de la campiña inglesa, en una pequeña aldea situada en las inmediaciones de un castillo, en una humilde casa construida con adobe sus paredes y de brezo fuertemente trenzado su techo; los gritos de dolor de una parturienta pretendieron rivalizar con el estruendo de la tormenta que  ahora estaba completamente desatada en el exterior.

    Los relámpagos parecían rasgar el cielo, como si de un tejido muchas veces lavado se tratase. Amelia sudaba y se revolvía en el jergón de paja, mordiendo fuertemente el trozo de palo que la comadrona había insertado entre sus dientes horas antes, justo cuando el sol daba por finalizado el día y las contracciones de su bajo vientre dieron paso al insoportable dolor de espalda.

    La puerta se abrió de un golpe y Amelia se incorporó a duras penas sobre los codos para ver entrar a su marido.

    John Adamberry entró en la habitación que conformaba su casa, miró hacia las mujeres con el ceño fruncido y sin mediar palabra, se sentó a la mesa, quitándose las botas para lanzarlas contra una de las esquinas.

    Luego se sirvió un vaso de vino aguado y clavó su turbia mirada en la ventana.

    -          Tu mujer está teniendo un parto difícil, Adamberry. – Loreta era la partera de la aldea, como antes lo había sido su madre, su abuela y su bisabuela. Pero nunca había logrado acostumbrarse a la rudeza de algunos hombres. Tal vez por eso permanecía soltera. – He podido colocar los pies del niño en la forma adecuada, pero Amelia está sufriendo mucho para obsequiarte con tu primer hijo.

    Amelia lo miró con ojos brillantes, en los que cualquiera hubiera sido capaz de detectar la emoción contenida de la madre primeriza.

    -          ¿Ese bastardo va a ser un niño?

    Loreta no pudo disimular una mueca de disgusto mientras enjuagaba sus manos ensangrentadas en un barreño de agua templada, tomaba un paño de algodón humedecido, y lo depositaba con manos diligentes en la frente de Amelia.

    Ésta se recostó mordiendo aún con más fuerza el palo, arqueando todo su cuerpo en mitad de una tremenda sacudida.

    -          ¡Vamos Amelia, empuja con fuerza! Tu hijo ya está aquí.

    La pequeña cabeza de pelo rojizo asomó al exterior por entre las desmadejadas piernas de la madre. Loreta la sostuvo.

    -          ¡ Un último esfuerzo, ya está aquí! – los jadeos se intensificaron y el niño salió al exterior, resbaladizo como un pez recién salido del agua.

    Loreta lo envolvió en un jirón de paño limpio y estudió su cara plácida por unos instantes. Entonces el niño abrió sus ojos grises y le devolvió la mirada. Entreabriendo los labios dejó escapar un sonido. No era exactamente un lloro, ni siquiera un gemido. Loreta inclinó la cabeza y afinó sus sentidos. De no ser por qué era del todo imposible, hubiera dicho que aquel niño estaba cantando. La tormenta parecía haber amainado cuando dejó al recién nacido entre los brazos de su madre. Miró por el ventanuco y vio reaparecer las estrellas en un firmamento que, momentos antes, había sido amenazado por cuchillladas de luz.

    -          Parece que tu hijo tendrá suerte. De entrada, ha plantado cara a la tormenta y le ha ganado. – dijo mirando a John.

    Éste se puso en pie y salió de la casa. No le gustaban las mujeres entrometidas. Descalzo se dirigió al establo, a comprobar que los caballos estaban bien. No dirigió una sola mirada al camastro cuando pasó por su lado.

    Loreta preparó una bebida con leche y miel, a la que le añadió algunas flores de manzanilla. Se acercó a Amelia y la ayudó a incorporarse para poder beber del cuenco de cerámica.

    -          John está muy ocupado. El negocio de los caballos está empezando a ser lucrativo. Los señores del castillo ya le tienen en estima. ¡Le han comprado tres caballos! y esperan el nacimiento de una yegua. La señora está a punto de dar a luz y según los astrólogos, será bendecida con una hija. Nuestra yegua será uno de sus regalos de nacimiento.

    -          Amelia, todos en la aldea hablan de John y de ti. No deberías permitir que te tratase como a una bestia. No eres uno de sus caballos.

    -          ¡John es un buen hombre! Es trabajador y pasa mucho tiempo fuera de casa. Por eso a mí jamás me falta pan ni grano.

    -          ¿Estás segura de que es a causa del trabajo por lo que pasa tanto tiempo fuera? ¡Mira a tu alrededor, Amelia!. ¿En qué te beneficia a ti todo ese dinero que dices que gana?

    La casa constaba de una sola habitación. En el centro había una mesa de madera tosca y llena de nudos, con cuatro taburetes a su alrededor. En una esquina, bajo la ventana, estaba el jergón relleno de paja, cuya envoltura precisaba ser cambiada con urgencia.

    De una de las vigas del techo, colgaba de una cadena negra un caldero grande, que oscilaba sobre el hogar de la casa, en una esquina. Un pequeño mueble contenía todo el menaje de la familia. Una cuna desvencijada, una de cuyas patas ni siquiera tocaba el suelo, estaba situada justo al lado de la puerta.

    -          Ya sé que no es muy bonita, pero el colchón es nuevo y mullido. Nunca antes había construido una cuna – dijo Amelia en tono de excusa.

    La joven estaba profundamente enamorada de su marido. Aquel había sido un matrimonio de conveniencia.

     John pagó a los padres de Amelia una suma de dinero y se llevó a la niña consigo cuando tenía doce años y el contaba los treinta.

    De eso habían pasado ya ocho años. No había conocido otra vida que no fuera aquella. Vivía por encontrar en la cara de John un gesto de reconocimiento, por sentir el ligero y rápido beso que le daba algunos días, especialmente cuando estaba contento por haber cerrado un trato.

    Su cuerpo joven contenía una pasión que no era capaz de dominar, pero que desafortunadamente, no era ni reconocida ni correspondida.

    -          Amelia, eres muy joven. Todavía estás a tiempo de comenzar en otro lugar, con otro hombre… - tomó al niño entre sus brazos y lo depositó en la cuna. Permanecía con los ojos muy abiertos, como si estuviera escuchando con atención cada una de las palabras que estaban hilando en la conversación.

    -          ¡Loreta! Mi marido es un hombre bueno, no te atrevas nunca a decir lo contrario. Yo soy torpe y lerda. Y él es un hombre inteligente y capaz, que sabe hacerme feliz.

    -          Amelia, ni siquiera ha mirado a su primogénito.

    -          ¡Oh, pero eso no tiene importancia! Estoy segura de que lo querrá tanto como me quiere a mí.

    -          Entiendo… - Loreta se dio por vencida. No podía hacer nada contra aquello – Díme, ¿has pensado cómo vas a llamar a tu hijo?

    -          Cuando era una niña me contaron un cuento en la aldea en la que vivía, mucho antes de que John llegara envuelto en una niebla gris a la puerta de mi casa. Antes de que mi padre llegase a un acuerdo con él sobre mi futuro – Loreta pensó que fue precisamente aquel día cuando las tinieblas se apoderaron del alma de Amelia para siempre – Pero antes de que eso sucediera, una lavandera me contó una leyenda sobre un príncipe llegado de tierras soleadas, que estaba tocado por una corona dorada y tenía una voz irresistiblemente bella. El príncipe se llamaba Faresol. Y así se va a llamar también mi hijo.

    -          ¿Faresol? Es un nombre poco usual, pero me gusta – coincidió Loreta. – Ahora necesitas descansar. Me quedaré contigo hasta que amanezca, después marcharé al castillo. Ayer recibí la visita de un mensajero. Los señores han solicitado mis servicios en el parto de Lady Cornelia. No creo que se presenten dificultades, pues ya es madre de cinco varones, pero el astrólogo asegura que la niña ya debería haber nacido. – más que hablar, pensaba para sí misma en voz alta. Los leves ronquidos de Amelia la hicieron callar. Se asomó a la cuna y se encontró con los ojos grises de Faresol observándola con curiosidad…"

     

     

                                                                                                                                     (CONTINUARÁ)

     

     

     
    PartituraviolínTormentaCastilloCaballos
     
    June 04

    El Relato del Día de Mi Cumpleaños

    Hoy es mi cumpleaños... ¡Cada vez estoy más cerca de la frontera con los treinta!...
    El caso es que me he sentado a escribir una entrada para el blog, y me ha quedado un relato bastante triste. Nunca sé por dónde va a viajar mi imaginación, y esta vez me ha llevado hasta la Guerra Civíl. No es un tema demasiado alegre para un día como el de hoy, ¿no os parece?.
    Esta historia es una ficción, pero supongo que casos similares debieron darse de contínuo en aquellos momentos...
     
     
     

    Recuerdos de Soledad

     

    “Se sentó a pensar. Se dio cuenta de que no le quedaba una lágrima que poder derramar. Ya no tenía ese dolor punzante en el corazón que otras veces le había advertido de que sufría.

    Las noches ya no eran bellas, las estrellas no lucían, habían dejado de acompañarle. Ya nada tenía sentido, las palabras se habían vuelto vacías, huecas, la mirada fría; las sonrisas hacía ya mucho tiempo que se habían congelado, ya no luchaban  por aflorar en busca de reconocimiento.

    Un abismo de tristeza se apoderó de ella. No sabía explicar lo que le estaba pasando, los colores de su vida no brillaban, la película de sus sueños se había quedado parada, distorsionando cada sonido, cada ilusión, cada recuerdo.

    ¿Qué podía hacer en ese momento de locura transitoria?, ¿Cómo sería capaz de templar el hielo?, ¿Cómo encontrar explicaciones, si no había quién le arropara dentro de aquella tormenta de miedos?

    Casi podía discernir cuál era la decisión  más acertada, ¿O acaso estaba furiosa?...

    Suspiró aliviada cuando por fin una lágrima corrió lentamente dibujando un sendero en su cara morena. Supo que todavía le quería, aunque ni siquiera fuera capaz de entender muy bien por qué. Sintió la necesidad de vencer a la soledad que llegaba mordiendo las esquinas de su cama.

    Entonces se acordó de aquellas cartas. Todas atadas con el mismo cordón azul. Las que le había escrito y enviado al frente algunos años atrás.

    Luchó contra la tentación de quemarlas. Quería recordar cómo empezó todo, pero al mismo tiempo, sintió que el temor se apoderaba de ella… ¿Y si no la conmovían?, ¿Y si aquellos efímeros recuerdos de felicidad le hacían aferrarse a su presente desolado? En tal caso, aquella lágrima derramada perdería toda su credibilidad.

    Pero tenía que arriesgarse. Y rompió el sobre que el paso del tiempo había vuelto a cerrar, encerrando con él todas y cada una de aquellas promesas de felicidad.

    El amanecer le encontró riendo, con los ojos inundados en un llanto que ahora ya no podía dominar. Recogió todas aquellas palabras escritas con su caligrafía de maestra de escuela. Ya no podría sentir rencor nunca más. Allí estaban sus verdaderos sentimientos, los que la noche antes no había sabido reconocer: su creciente amor hacia él, apenas insinuado al principio,  cálido y embriagador después.

    Espantó a la soledad de su cama, y sacó del armario el único traje de chaqueta que tenía.  Pensó que el paño no era el mejor tejido para aquella mañana de verano de 1937.

    Y a paso ligero se dirigió al cementerio. Allí le dijo adiós, y le perdonó por haberle dejado sola. Le perdonó por haber elegido una vida de aventuras, la  misma que le había obsequiado con una muerte a destiempo.

    Se despidió evitando pensar en la guerra que todavía tardaría en terminar,  que estaba desolando España, dejándola sumida en la miseria; intentó olvidar que la banda sonora de aquellos días estaba compuesta por los desgarrados lamentos de las viudas, de los huérfanos, de los desamparados en el dolor.

     Sobre la barata caja de pino dejó caer el hatillo de cartas, y mientras las paladas de arena caían con un sonido ahogado al interior de aquel foso de tierra húmeda y removida, supo que el pasado siempre la acompañaría y que lo prefería a tener que afrontar la incertidumbre que traería consigo el futuro.”

     

     
     
     
     
     
                                cama            cartas         La Guerra         Estrellas