Tamara's profileAqui Comienza una LEYEN...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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July 29 Dedicado a IreneHace exactamente un año escribí mi primera novela infantil. La titulé y registré bajo el nombre de un "Un Cuento para Claudia".
Luego la envié a concursar en mi nombre al certamen de "Barco de Vapor" de la editorial Sm. En aquella ocasión no tuve suerte.
¡Pero la desesperanza es la peor consejera!
Luego empezé a darle vueltas a la idea de cambiarle el título. El nombre de CLAUDIA me gusta bastante, pero quizás no era lo suficientemente mágico para el trasfondo de fantasía sobre el que se sostiene el argumento. Además, encontré en la red que algún autor, (ahora no recuerdo cuál), poseía los derechos de ese mismo título, esta vez en una obra destinada a público adulto.
Andaba buscando un nombre que me gustara lo suficiente cuando conocí a Irene. Hace algunos meses el nombre de ASTRID para llevar a cabo ese cambio estaba casi decidido. Pero ya digo que eso fue antes de conocer a Irene...
Entonces ví su nick en la red: ÉNERI.
El día que nos conocimos ya le comenté que el otro protagonista de esta novela es un niño. Yo inventé el nombre para el príncipe EREDIN y me pareció que ambos nombres casaban estupendamente. Se lo hice saber de inmediato:
¡ El nombre de su hija simplemente me encantaba!
Sobre todo cuándo me comentó que había sido idea suya darle la vuelta a su propio nombre con el fin de crear uno completamente original para su hija (IRENE /ÉNERI).
Cómo soy osada y no tengo miedo, sino mucha ilusión y un camino muy largo por recorrer, he vuelto a introducir esta novela en un nuevo concurso, esta vez de la Editorial EVEREST. "Un Cuento para Éneri" ya está en el proceso de selección.
¿Me dará suerte el cambio de nombre?
Esto no lo sabré hasta noviembre...
Gracias, Irene, por permitirme tomarte prestada tu idea. Si hay suerte, Éneri y Eredin vivirán muchas aventuras juntos... July 23 Y la historia continua... Éste está siendo un verano tranquilo, y reconozco que el calor sahariano en mi caso trae como consecuencia mi alejamiento parcial del portátil (¿os habéis fijado en el calor que desprende?).
Faresol echó a correr por el camino trasero de la casa. Saltó por entre las piedras anchas y planas que lo conformaban. A medida que se acercaba al río, las piedras grises se tornaron en verdosas. El musgo había crecido salvajemente sobre ellas y los dedos de sus pies se encogieron intentando recuperar la solidez de sus pisadas. La luna se reflejaba sobre la superficie del agua. Una vez más, y cómo solía hacer siempre, la escuchó fluir en su rápido caudal. Esa noche percibió un susurro velado, una advertencia escondida en el chapoteo de las gotas de agua. Afinó el oído y escuchó el silencio. El mismo silencio mudo que siempre rodeaba a sus labios. Se quitó la camisola marrón y los anchos pantalones. Luego colocó los botines de piel sobre la ropa. Metió las puntas de los dedos en el agua y contuvo la respiración para zambullirse con rapidez. De inmediato sintió cómo los ganchudos dedos del frío le pellizcaban la piel. Y no estaba dispuesto a sufrir ese tormento más que lo estrictamente necesario. Así que se apresuró a salir para tumbarse sobre la hierba húmeda, bajo la copa de un árbol. Con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, cerró los ojos para escuchar la nada. Suspiró profundamente para analizar la parsimonia de su propia respiración, cuando de repente lo escuchó. Se incorporó sobre los codos, abrió los párpados, pestañeó y encogió la frente. Silencio otra vez… Debía haberse quedado dormido y tenía que regresar a casa para la cena. No quería pensar lo que pasaría si su padre llegaba y no le encontraba al cuidado de los caballos. Se vistió a toda prisa y entonces lo escuchó con claridad. El corazón se removió furioso dentro de su pecho, y los latidos se trasladaron a sus sienes, dónde la sangre se agolpó de pronto. Aquel alarido quedó registrado en su colección de sonidos. Podría decirse que aquel grito agónico determinaría su futuro y ya nunca podría desprenderse de su hiriente eco. Apretó los dientes y modeló una palabra que salió al exterior desesperada flotó ante sí: - ¡Mamá! Lástima que ella se hubiera marchado sin saber que su hijo sí podía hablar…
(CONTINUARÁ)
July 06 Tercera EntregaEsta semana os dejo la tercera entrega de este relato,¡ que al paso que va puede convertirse en novela!.
La Partitura del Violinista Parte 3ª
“Dejó atrás el sendero que llevaba al bosque y miró por encima del hombro en dirección al castillo. Cuando llegó a la entrada de la aldea, escudriñó a su alrededor con precaución, pero no consiguió ver a ninguno de sus perseguidores. Ardía en deseos por llegar a casa. Cerró el puño con fuerza en torno al precioso y delicado retal. Entonces cerró los ojos unos instantes para concentrarse mejor. El leve crujido del encaje entre sus dedos quedó registrado para siempre en su colección de sonidos. A veces se había detenido junto al río para recoger flores silvestres, que su madre solía trenzar en forma de corona. Luego le contaba la historia del príncipe Faresol y ella misma parecía convertirse en una lánguida princesa de profundas ojeras azules. Pero aquello era muy distinto… ¡Era la primera vez que podía hacerle entrega de un regalo verdadero! Imaginaba la nariz puntiaguda de su madre examinando la dulce fragancia que el pequeño trozo de tejido desprendía y casi podía escuchar los débiles pasos cómo aleteos de mariposa recorriendo la casa con el pañuelo de aquella niña apretado contra su pecho. ¡Sería feliz por una vez! ¡El conseguiría hacerle sonreír! Voló más que corrió por el camino de piedra hasta la empalizada de madera tras la que se levantaba la pequeña casa. Los establos, sin embargo, se extendían por el terreno en el que bien podía haberse levantado una catedral, tan inmensas le parecían aquellas tierras. El ruido que provocaba su carrera se vio amortiguado por las largas briznas de hierba húmeda. Pasó por entre los arbustos y abrió la puerta de un golpe, adornando su ansiosa cara con un fulgurante brillo de ojos. - ¡Faresol! ¿Dónde te habías metido? – Amelia giró la cabeza en dirección a la puerta y le señaló con el cucharón de palo. - ¡Me tenías preocupada! – frunció las cejas, que parecían dos plumas negras sobre su pálida tez y continuó. - ¿Otra vez? ¿Han vuelto a molestarte esos mocosos maleducados? Deberías plantarles cara, hijo mío. ¡Fíjate en tu padre! Es tan osado que nadie se atreve a soplarle en un ojo. Faresol observó la magulladura ya de color verdoso que ahora se había instalado en la barbilla de su madre. Antes la había visto en diversos colores y en otros lugares no tan visibles. Sin mediar una palabra, estiró el brazo y abrió el puño sudoroso, para sostener con dos dedos el delicado trabajo de encaje. Para su regocijo, Amelia lanzó un sofocado grito de admiración. Tal y como había imaginado, su madre se lo acercó a la cara, y sus aletas olfatearon con premura cada una de las puntas del cuadradito. Su raído y gris delantal contrastaba con el deslumbrante blanco del pañuelo cuando se lo acercó a los ojos para examinar cada pequeño detalle. - ¡No sé dónde lo has conseguido, pero gracias, gracias hijo! – acarició la melena rojiza de Faresol y lo apretó contra sí unos instantes. Pero inmediatamente sus ojos se perdieron en una esquina de la reducida habitación – Estoy segura de que tu padre va a sorprenderme con un gran regalo. Sé que está buscando el más apropiado para mí, lo cual, por supuesto, le llevará un tiempo. Pero cuando ese día llegue… - su rostro enrojeció ligeramente y un fino sudor humedeció su labio superior. Permaneció, con expresión soñadora, tarareando una canción al tiempo que ponía las cebollas en la sopa que hervía a borbotones en el caldero. Luego pareció regresar al lado de su hijo, pues dirigió su atención y su puntiaguda nariz a sus ropas. - ¡Vete al río y lávate esas ropas! ¿Cuántas semanas hace que no te bañas como es debido? ¡Vamos, Faresol, no te hagas el remolón! Un gesto, casi una sonrisa, se asomó a sus ojos grises mientras salía al exterior, dónde la noche y la oscuridad se habían dejado caer como el saco del molinero sobre un gato sin dueño."
CONTINUARÁ… |
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