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    November 02

    El desenlace de la Historia de Halloween...

     

     

                           LOS NIÑOS NOVIOS (El desenlace)

     

     

    La vida a mi alrededor adquirió un tono sepia y rancio, y de repente, escuché cómo unos pies a la carrera entraban a trompicones en la cocina que también había cambiado. Los fogones eran de carbón y el horno de leña. La misma mesa redonda presidía el centro de la habitación.

    - ¡Constanza, que ya tienes cinco años, por amor de Dios, compórtate como una señorita!. La voz provenía de lo alto de la escalera, pero la pequeña figura que corría entró en la cocina sujetándose el bajo del pequeño y exquisito vestido de novia, con la coronita de hojas ladeada y el velo flotando detrás de sí.

    Su risa plateada escapó a través de los pequeños dientes perlados. - Si te estropeas el traje, la fotografía quedará horrorosa. Además, la tía Petra y el primo están a punto de llegar.

    Me apreté contra la pared, junto a la alacena, cuando la niña paseó su mirada distraída y brillante sobre mí. Era una criatura preciosa, con una cara redonda y llena, y la melena castaña y frondosa. No pareció verme, y yo, sin salir de mi asombro, dejé salir un suspiro entrecortado que dio un respiro a mi corazón desbocado.

    - ¡Constanza! - desde la puerta de la entrada, el grito jubiloso de un niño irrumpió en la cocina. La carita de la niña se iluminó tan intensamente, que parecía desprender luz por si misma.

    - ¡Primo Alesandro! - murmuró. Por un instante pensé que saldría a correr de nuevo al encuentro de los visitantes, pero esta vez permaneció quieta, alisándose el vestido y atusándose el pelo, mientras un rubor le cubría por momentos las regordetas mejillas. Su comportamiento me parecía extraño, aunque claro, toda aquella escena era extraña en si, sin embargo, hubiera dicho que aquella pequeña estaba, no podía ser… ¿esperando a su novio?.

    La puerta de entrada se abrió y tuve que aguantar una exhalación de sorpresa. Ante mí apareció un niño de unos ocho años, ataviado con un traje de novio al que no le faltaba un detalle. Mientras las dos mujeres se saludaban el niño se acercó y tomó la mano de su prima entre las suyas para darle un tierno beso en el dorso.

    - Estas muy guapa, Constanza.

    - Y tu estás muy elegante con ese sombrero - dijo la niña sonriendo y señalando la chistera.

    - Y no sabes lo que te agradezco que dejes a Alesandro posar en la foto con tu hija, hermana. Ya sabes que las cosas en casa no están bien desde la muerte de mi marido. ¡Y me hacía tanta ilusión que Alesandro tuviera un recuerdo de su infancia.! - la otra mujer, la madre de Constanza, debía estar asintiendo, pues continuó- Si no llega a ser por ti y tu generosidad, ni siquiera hubiera podido disfrazarse.

    Volví a mirar a los niños, que estaban frente a mí, y escuché como Alesandro le decía a Constanza:

    - Algún día, prima, algún día llevaremos trajes como estos pero de verdad, y viviremos en una casa como esa - dijo apuntando con el dedo a la caja de galletas hecha de lata que estaba sobre la mesa, y cuya ilustración mostraba una pequeña y acogedora casita de campo inglesa. La reconocí de inmediato con un escalofrío.

    Te quiero, mucho prima.

    - Te quiero mucho, primo.

    - ¡Niños, el fotógrafo ha llegado! Señor Matías, he pensado que el desván es el mejor lugar para la sesión de fotos, la luz es maravillosa allí arriba …

    Los niños se estaban dedicando una intensa mirada.

    - ¡Niños!

    Se tomaron de la mano y echaron a correr de nuevo, dejándome sola, y golpeando el suelo de madera con sus rápidos pies.

    Aquellos golpes se sucedían con insistencia en algún lugar de la casa.

    Cuando abrí los ojos, estaba echada sobre la mesa, mi cara pegada a aquella foto de cuya preparación, unos ochenta y cinco años atrás, acababa de ser testigo.

    Parecía haberme quedado dormida, o tal vez no …

    Pero los golpes seguían y tarde aún un minuto más en darme cuenta de que pegaban a la puerta con verdadera insistencia.

    Abrí para enfrentarme a las caras preocupadas de mi madre y mi amiga.

    - ¿Qué está pasando aquí? - mi madre irrumpió como un torbellino en el salón de las alfombras.

    - ¿Estás bien? - Valeria se colocó frente a mí con expresión interrogante.

    - ¿Al final no has ido a la fiesta?

    - ¿De que hablas? ¡La fiesta fue anoche!

    De repente me sentí autentica y absolutamente perdida, me dirigí a la cocina arrastrando los pies y puse agua a calentar en el microondas para hacer té.

    Me dejé caer sobre una silla y le pregunté a Valentina:

    - ¿Cuándo vinimos aquí?

    - Hace una semana, subimos al desván y encontramos un viejo vestido de novia en el armario. Dijiste que seria perfecto para la fiesta a la que al final no has ido, ¿de verdad que no lo recuerdas?

    - ¿Y lo del baúl? Cuándo me llamaste me preguntaste por el baúl.

    - Claro. Supongo que tampoco te acuerdas de que tu madre nos advirtió que no lo abriéramos.

    - Cierto - intervino mi madre, que estaba buscando tazas en el mueble platero. - Dime, ¿lo has abierto?

    - Mamá, si te cuento todo lo que ha pasado desde que lo hice, pensarás que me he vuelto loca de repente.

    - No creas, hija. Esta casa … - miró en derredor- la presencia de tu abuela sigue viva aquí, pero no debes tenerle miedo. Constanza fue desgraciada en vida, pero ahora que ha muerto, estoy segura de que no puede ser más feliz.

    - Mamá, mira está foto.

    - ¡Qué cosa mas tétrica y graciosa a un tiempo! - exclamó Valentina - éstos antiguos si que sabían cómo sorprender …

    - La conozco, es tu abuela, pero no sé quién es el niño.

    - Es su primo Rodrigo, el hijo de su tía Petra.

    - ¿Su primo?. Claro, ahora encaja la historia.

    - Quizás deberías contárnosla, especialmente, después de todo lo que me ha pasado y teniendo en cuenta que no podré venirme a vivir aquí tranquila sin conocer este misterio tan lleno de incógnitas. ¿Qué hacía un vestido de novia entre las pertenencias de la abuela?, ¿Cómo pudo haber sido una niña tan angelical y para llegar a convertirse casi en una bruja ermitaña? Y sobre todo, ¿Dónde está y que fue de su primo Alesandro?

    - “La abuela se quedó viuda antes de tiempo. Podemos decirlo así - las tres estábamos sentadas entorno a la mesa redonda con las manos rodeando las tazas de porcelana humeantes.- Ya sé que vas a decirme que no sé casó nunca, y que por tanto, no tuvo oportunidad de enviudar.

    Yo no sabía que Alesandro era su primo hermano, quizás lo ocultó porque en aquellos tiempos no estaban bien vistos los enlaces matrimoniales dentro del seno de una misma familia. Los niños nacidos de aquella unión quedaban muchas veces estigmatizados por la “mezcolanza” de sus sangres.

    El caso es que a los quince años, la abuela Constanza declaró tener un pretendiente que la amaba y quería casarse con ella. Confesó a su madre que éste era pobre como las ratas, y que por este motivo, se había embarcado en un pesquero con el fin de reunir el suficiente dinero para poder pagar la boda y la compra de una modesta casa de campo al estilo inglés, según detallaba la entusiasmada Constanza. Nunca confesó su identidad, ni dio más explicaciones sobre el misterioso muchacho de dieciocho años que la quería más allá de los mares.

    Pronto Constanza empezó a trabajar como costurera y con sus modestos ingresos, comenzó a confeccionar un hermoso vestido de novia.

    Poco a poco consiguió reunir el tejido, el hilo, los abalorios de cristal, las lentejuelas, las diminutas perlas, el fino encaje …

    El tiempo pasaba mientras un otoño sucedía al otro, mientras sus dedos temblaban, así como sus puntadas, no queriendo confrontar los tristes pensamientos que la visitaban por la noches. El vestido quedó mojado por infinitas lágrimas antes de que una carta confirmara sus sospechas: el barco de Alesandro y toda la tripulación había desaparecido en el mar sin dejar rastro.

    Los dieron a todos por muertos. Y el vestido inacabado quedó colgado en el armario del desván, desterrado, destinado a ser el recordatorio de un amor frustrado.

    Mi madre consiguió superar la pena de su pérdida que se vio sustituida por una vida agria y carente de ilusión. Un día decidió ser madre y me tuvo a mí, sin embargo, nunca llegué a saber quién fue mi padre, y creo que fue muy sabia en su decisión: no quiso compartir el resto de sus días con un hombre al que nunca iba a poder amar, pues su corazón pertenecería por siempre al hombre ahogado.”

    Entonces le conté a mi madre aquella especie de ensoñación, que había tenido lugar en la cocina; le dije cómo Constanza había estado enamorada de Alesandro desde siempre y ella asintió con la cabeza.

    - Y Alesandro regresó a buscarla al final.

    - ¿Cómo dices? - exclamamos Valentina y yo a un tiempo.

    - Tres días antes de morir, Constanza me pidió que buscara su traje de novia. Yo pensé que deliraba, que acaso su enfermedad le estaba haciendo perder la poca cordura que ya le quedaba.

    Me dijo que Alesandro le había prometido que iba a venir a buscarla, y que ella creía firmemente en su palabra.

    La noche en la que murió, yo estaba sentada en una silla junto a su cama, sosteniéndole la mano. Ella había estado delirando durante horas, musitando palabras sin sentido para mí. De repente, me apretó los dedos, ya no calientes, sino tibios, y abrió los ojos brillantes, llenos, diría yo, de una excitación que yo jamás había visto antes dibujarse en su cara. Miró hacía el sofá que está delante de la chimenea de su dormitorio y sonrió.

    - ¿Lo ves? - me dijo - ha venido.

    Luego suspiró y la vida se escapó de su cuerpo. Y también su espíritu, que estoy segura, se fue con el de Alesandro.

    - ¿Y no me contaste nada de eso, mamá? -pregunté.

    - ¡Qué historia más romántica! ¿o es más bien espeluznante? - divagaba Valentina.

    - Pensé que ya parecías tener suficientes motivos para no querer aceptar esta casa como para darte uno más.

    - ¿Y por qué me advertiste que no abriera el baúl? De no haberlo hecho, este secreto nunca hubiera salido a la luz.

    - Mi madre nunca me dejó tocar el contenido del baúl, y después de su muerte, pensé que era mejor dejarlo estar así.

    - De todas maneras, te perdiste la fiesta, y sinceramente, después de conocer esta historia, me alegra de que así sea, es como si tu abuela Constanza te hubiera estado entreteniendo aquí para que no llevarás su vestido para algo tan trivial … - dijo mi amiga.

    - Tienes razón - asentí. - Pero, ¿sabéis?, estoy segura de que Constanza y Alesandro no tardaron en marcharse de esta casa la noche en la que ella murió. Tenían pendiente buscar una casa del gusto de mi abuela. En el campo, de estilo inglés - dije mirando la casa de la caja vacía - Así que pronto me vendré a vivir aquí.

    -Recuérdame que no acepte ningún plan relacionado con casas de campo - me dijo Valentina.

    Las tres nos reímos y subimos juntas al desván. Los recuerdos materiales de mi abuela habían dejado de tener valor y podía sentirme tranquila, pues ya no iba a profanar sus memorias: ella ya tenía el auténtico recuerdo, el más valioso junto a ella. Por siempre jamás.

     

    Comments (6)

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    TAmmy, me ha encantado la historia. Parecia todo tan real.... Enhorabuena.
    Nov. 12
    chemawrote:
    genial, tamara. qué historia tan intrigante!! uno se queda con la duda de qué tipo de experiencia es la que vive la protagonista al abrir ese baúl: un sueño, un cambio de dimensión...
    lo de las fotos antiguas es curioso. es la proyección en dos dimensiones de un momento en el tiempo, pero tendrían su preparación, que tú has descrito muy bien. les dirían: "venga, niños, no estropeéis la ropa de la foto!", "poneos aquí!", "sonreíd!"
    Nov. 7
    Tamara ojedawrote:
    Gracias Berta, guapa. Últimamente no he estado muy inspirada, y es que cada vez tengo la tripa más gorda y mi nene se menea que da gusto. Me cuesta un poco concentrarme así...
    Nov. 5
    bertawrote:
    Me a gustado mucho, que talento tienes?
    Nov. 5
    Tamara ojedawrote:
    ¡Gracias!
    Me gustaría saber que opinan Chema y Aurin...
    Nov. 5
    Geno Mwrote:
    Estupendo t romántico final para la historia. Muy bonita
    Besinesssss
    Nov. 4

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